Las heridas del volcán de La Palma siguen abiertas cinco años después: la isla trata de volver a la normalidad tras la erupción de 2021
El 19 de septiembre de 2021, en Cumbre Vieja , la tierra se abrió, saliendo de su interior una lengua de lava que transformó por completo el paisaje de la isla de La Palma .
A su paso, la colada sepultó hogares, cultivos, carreteras y miles de recuerdos que, cinco años después, los vecinos no han podido recuperar.
Así nació el volcán Tajogaite , que se eleva sobre la isla canaria como una herida abierta de lo que ocurrió aquel día.
Unas 7.000 personas tuvieron que abandonar sus casas, a la carrera y llevándose únicamente lo que pudieron en el escaso tiempo que les concedió la lava.
A su paso, aquella lengua que fluyó hasta el océano Atlántico, uniéndose con él en la costa de Tazacorte y ampliando la extensión de la isla, dejó un reguero de destrucción y desolación.
La erupción llegó a su fin el 13 de diciembre de ese mismo año y se convirtió en la más larga de La Palma desde que existen registros: 85 días ; sin embargo, aunque la Tierra dejase de escupir lava, el infierno no terminó entonces para los vecinos, que cinco años después luchan aún con las secuelas que dejó el volcán, tratando de volver a la normalidad en una isla que ya no es la misma.
Viviendas sepultadas y un duro golpe para el turismo Una de las mayores catástrofes que dejó la erupción del Tajogaite fue en las viviendas.
Más de 1.600 sufrieron daños, a las que hay que sumar las edificaciones que se ubicaban dentro del perímetro afectado.
Para acoger a todas aquellas familias que se habían quedado sin hogar, se instalaron viviendas contenedores que servirían como solución temporal.
Cinco años después, sin embargo, muchos vecinos continúan habitando cuatro paredes que no sienten como hogar, a la espera de encontrar otro alojamiento definitivo que, sin embargo, no podrá devolverles la pérdida de su hogar sepultado bajo la piedra y la ceniza.
El turismo también sufrió un duro golpe.
En los años posteriores a la erupción volcánica, La Palma tuvo que enfrentarse a las pérdidas millonarias en el ocio y la hostelería .
A Puerto Naos, uno de los principales núcleos turísticos, no llegó la lava, pero la emisión de gases tóxicos como el dióxido de carbono provocó restricciones de acceso incluso después de que el desastre se diese por finalizado.
Con el paso del tiempo, la isla ha comenzado a recuperar parte de su actividad, con la llegada de turistas o la apertura de establecimientos.
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