Era dueño de una ferretería, se retiró a los 50 y transformó un autobomba en su casa: “Lo que te mata es la rutina”
Durante años, la vida de Pablo Mel transcurrió a cielo abierto entre caballos y tareas rurales en la provincia de Buenos Aires.
Sin embargo, un revés económico por una estafa lo obligó a recalcular el rumbo y dejar atrás la vida de campo.
Con la firme convicción de emprender en un rubro que siempre le había llamado la atención, armó las valijas junto a su familia y se instaló en Río Cuarto, Córdoba.
Allí, en 2008 y como único propietario, decidió levantar una ferretería completamente desde cero: diseñó el local con sus propias manos y fue comprando el stock inicial a puro instinto, imaginando qué herramientas y materiales necesitarían los vecinos de la zona.
Una estafa, crisis económica y templanza El arranque no tardó en poner a prueba su templanza.
Apenas cinco meses después de levantar la persiana por primera vez, el conflicto con el campo y los prolongados paros paralizaron la actividad económica de la región.
Fue un golpe durísimo para un negocio recién nacido, pero el hecho de ser dueño del local y no cargar con el peso de un alquiler le dio el respiro necesario para resistir el temporal.
Con paciencia, cintura comercial y un esfuerzo diario que no le permitía relajarse, logró pilotear la tormenta e incluso dar el paso siguiente: expandir el negocio sumando un corralón de materiales y nuevos rubros para responder a la demanda creciente.
“Mi rutina empezaba bien temprano: me levantaba todos los días a las siete de la mañana para estar abriendo las puertas a las ocho.
Para alguien como yo, acostumbrado a pasar las jornadas a la intemperie y trabajando con animales, encerrarme tantas horas detrás de un mostrador fue, sin dudas, el cambio más difícil de asimilar en lo personal.
Costó acomodarse al principio, pero la pasión por el oficio pudo más y me adapté sin problemas.
Sabía por qué y para qué lo hacía; ver crecer el negocio día a día y atender a cada cliente con la misma dedicación hizo que todo el sacrificio valiera la pena”, expresa.
“A los 50 no laburo más” Con el paso de los años, el negocio no solo echó raíces, sino que se transformó en una verdadera referencia comercial en la zona.
Ya fuera como “Pablo Ferretero” o a través del nombre del local —Ferretería Don Mel—, Pablo supo forjar un vínculo estrecho y de confianza cotidiana tanto con los vecinos del barrio como con las industrias y empresas que acudían a él.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.