Un collar con explosivos, una búsqueda del tesoro y una conspiración confusa: la trama detrás del “Pizza bomber”
El mediodía del 28 de agosto de 2003, la pizzería Mama Mia’s Pizza-Ria de Erie, Pensilvania, Estados Unidos, recibió un pedido por teléfono.
Dos pizzas pequeñas.
La dirección de entrega era una torre de transmisión de televisión en las afueras de la ciudad, rodeada de árboles.
Brian Wells , de 46 años, agarró las cajas y salió sin sospechar nada.
Jamás regresó.
El caso Pizza bomber fue el del asesinato de Brian Wells , un repartidor de pizzas de Erie, Pensilvania, perpetrado el 28 de agosto de 2003 .
Un grupo de personas le colocó un collar explosivo en el cuello y lo obligó a robar un banco bajo la promesa de que completar una serie de tareas le permitiría desactivar el artefacto.
Esa promesa era falsa: los investigadores determinaron que el dispositivo estaba diseñado para detonar sin posibilidad de ser desactivado, y que Wells nunca tuvo chances de sobrevivir.
Lo que ocurrió en esa torre a la que fue el pedido de pizzas nadie lo vio.
Pero lo que pasó después quedó grabado para siempre: Wells apareció una hora más tarde frente a una sucursal del PNC Bank, en la calle Peach, con un collar metálico cargado con explosivos ajustado alrededor del cuello y un bastón que escondía una escopeta en su interior.
Entró al banco.
Entregó una nota.
Y el día se convirtió en una pesadilla transmitida por las cámaras de los medios de la ciudad.
Wells había nacido el 15 de noviembre de 1956 en Warren, Pensilvania, el menor de una familia numerosa.
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