A 50 años de la Masacre de Fátima: cuando la Policía Federal ejecutó a treinta detenidos y dinamitó sus cuerpos en un descampado
“Fueron hallados 30 cadáveres en Pilar” , titulaba uno de los matutinos de mayor circulación del país bajo una volanta que señalaba: “Repudio del gobierno”.
Como era habitual bajo la rígida censura de prensa instaurada por la dictadura, la información que se desarrollaba en una de las páginas interiores se limitaba a reproducir, palabras más o menos, el comunicado oficial del Ministerio del Interior, a cargo del general Albano Harguindeguy .
El parte decía que la mañana del viernes 20 de agosto de 1976 “se habían encontrado” restos humanos correspondientes a treinta personas, que “habían sido dinamitados” en el partido de Pilar, al norte bonaerense, a apenas 1.500 metros de un camino de tierra a la altura del kilómetro 64 de la ruta 8.
También aseguraba que el gobierno —como a sí misma se llamaba la dictadura— repudiaba “terminantemente este vandálico episodio sólo atribuible a la demencia de grupos irracionales, que con hechos de esta naturaleza pretenden perturbar la paz interior y la tranquilidad del pueblo argentino, así como también crear una imagen negativa del país en el exterior”.
Ninguna de las crónicas publicadas el sábado 21 contaba lo que los pocos curiosos que se atrevieron a acercarse la tarde anterior al descampado ubicado cerca del barrio Fátima, en el municipio de Pilar, pudieron entrever a la distancia.
Era una escena macabra : en medio de un gran despliegue de policías, un grupo de personas de civil cargaba cadáveres en los típicos camiones de obras públicas.
No pudieron ver mucho más, porque el cerco policial los mantuvo a distancia y no eran tiempos de andar exigiendo que se respetara el derecho a la libre circulación.
Nadie que transcribiera el comunicado podía creer en la versión de que algún grupo guerrillero, como se sostenía allí, hubiera sido responsable del “vandálico episodio” .
Sin embargo, en los cinco meses que llevaba la dictadura encabezada por Jorge Rafael Videla, en las redacciones no se chequeaban los partes surgidos de oficinas de la Casa Rosada .
Para cualquier ciudadano mínimamente avisado, el relato oficial tampoco tenía el más mínimo asidero, porque ese tipo de ejecuciones masivas no existía —ni había existido nunca— en las prácticas de las ya diezmadas organizaciones guerrilleras; en cambio, tenía todas las características de las masacres típicas de los grupos parapoliciales del terrorismo de Estado .
Con el correr de los días, se amplió un poco la información.
Se supo entonces que se trataba de los restos de veinte hombres y diez mujeres, todos con orificios de bala y la gran mayoría con las manos atadas por la espalda con cuerdas.
Por entonces, solo cinco de las víctimas fueron identificadas, las otras 25 fueron llevadas al Cementerio de Derqui —el más cercano al lugar— y enterradas como NN .
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