Virgen de la Loma, protectora del camino: un hallazgo en la Ruta 226, una nota anónima e imágenes que desaparecieron sin dejar rastro
Conductores de automóviles, motociclistas, camioneros, choferes de ómnibus, remiseros, ciclistas, choferes de aplicaciones de celular y también pasajeros, buscan con frecuencia una suerte de apoyo espiritual al momento de circular por las rutas argentinas.
La búsqueda de protección espiritual en el universo rutero de nuestro país cuenta con referentes del más variado origen y color, que pertenecen tanto al culto católico como al pintoresco mundo de las devociones populares.
Aquella necesidad se manifiesta en las inscripciones “Virgen de Luján.
Protege nuestro viaje”, y en los altares rojos con cruces, velas, banderas y cintas coloradas dedicados al Gauchito Gil, el santo de los caminos.
La Difunta Correa tiene mucho arraigo entre camioneros y viajeros, en tanto que la cantante bailantera Gilda y el músico cuartetero Rodrigo cuentan con sus respectivos altares en los puntos de las rutas donde se produjeron sus trágicas y jóvenes muertes.
A ocho kilómetros de la ciudad de Olavarría, en el sur de la provincia de Buenos Aires, existe un sitio dedicado a una curiosa advocación mariana, emplazado en una elevación de la Ruta Nacional 226: la popular Virgen de la Loma, tal como se la conoce entre la población local .
El 17 de enero de 1967 un italiano que trabajaba en campos cercanos a la Ruta Nacional 226 encontró, entre los pastos de un terreno elevado junto a esa ruta, un nicho de plástico con dos pequeñas imágenes, una de la Virgen de Luján y otra de Ceferino Namuncurá, y un frasco con monedas y una enigmática y anónima nota que decía: “No me saquen de aquí.
Hagan algo para cuando llueve que yo hago muchos milagros”.
La noticia fue comunicada a la parroquia de Nuestra Señora de Monte Viggiano, de la ciudad de Olavarría.
El hallazgo de una imagen de Nuestra Señora de Luján con aquel mensaje provocó curiosidad y movilizó a la sociedad olavarriense.
El lugar del hallazgo adquirió especial significado religioso y mariano, y no tardó en convertirse en una referencia espiritual para la comunidad local y, particularmente, para quienes transitaban por la Ruta Nacional 226.
La espontánea acción del “boca en boca” contribuyó a difundir una nueva devoción mariana que surgió de la combinación de una imagen de la Patrona Nacional y de la elevación que allí presentaba la Ruta Nacional 226.
En esa labor de difusión, fueron claves dos franciscanos conventuales de Nuestra Señora de Monte Viggiano: fray Contardo Miglioranza y, especialmente, fray Romeo Musaragno, quien, ya en 1967, la hizo conocer como la Virgen de la Loma, Protectora del Camino.
Se intentó adquirir el terreno donde se habían encontrado las imágenes para levantar un sitio de veneración a la Virgen María, pero la propietaria se negó.
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