Trump y Xi encararán en EEUU la caducidad de su tregua entre chips, aranceles y minerales
Washington/Shanghái, 22 sep (EFE).- La política arancelaria del líder estadounidense, Donald Trump, el dominio chino de las tierras raras y la tregua comercial entre las dos superpotencias son algunos de los grandes asuntos económicos de cara a la visita de Xi Jinping a Washington.
Trump inició la guerra comercial en 2018 y su sucesor, Joe Biden, mantuvo esa política, aunque el conflicto se recrudeció notablemente con el regreso del republicano a la Casa Blanca a principios del año pasado: poco después, inició una escalada arancelaria que acabó convirtiéndose en un embargo comercial cruzado de facto entre las dos mayores economías del mundo.
Tras meses de tensiones, Trump y Xi firmaron en octubre en la ciudad surcoreana de Busan una tregua arancelaria parcial, de la que se espera que se negocie una prórroga durante el encuentro entre líderes antes de que caduque el próximo 10 de noviembre.
Renovar la tregua, aunque sea a corto-medio plazo, es crucial en Washington, ya que Trump y los republicanos llegan a la cita con la presión interna de la guerra contra Irán y del encarecimiento de la gasolina antes de las legislativas de noviembre, donde se juegan el control del Congreso.
El magnate neoyorquino podría apuntarse un tanto antes de los comicios si logra presentar resultados tangibles en el plano comercial, incluyendo compromisos de Pekín para adquirir, por ejemplo, más energía, equipamientos médicos o bienes agrícolas estadounidenses.
Esto es lo que se desprende de lo poco que ha trascendido sobre el diálogo celebrado el fin de semana en Nueva York entre el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino He Lifeng.
En entrevistas posteriores al encuentro, Bessent y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, han avanzado que se habló sobre un paquete recíproco de reducción de aranceles sobre unas partidas de 30.000 millones de dólares en mercancías de cada país.
Está por ver si ambas potencias pueden lograr pronto acuerdos sobre dos de los asuntos más espinosos: la relajación de los controles de las exportaciones chinas de tierras raras y que Washington permita un mayor acceso a Pekín a semiconductores y otros elementos de tecnología avanzada que, a muchos niveles, aún sigue limitando.
China tiene claro que no quiere volver a depender de Estados Unidos en comercio o tecnología: desde el inicio del conflicto, la autosuficiencia en áreas como los semiconductores avanzados -donde Pekín depende de terceros- se ha convertido prácticamente en una obsesión para el Gobierno chino.
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