Costarricense llevó semillas de tacaco, cas y pejibaye a un vuelo de microgravedad en Francia
Una guaria morada, una bandera de Costa Rica y semillas de tacaco, cas, jocote, pejibaye, maíz pujagua, café, frijol ingrato y flores de clitoria viajaron desde suelo costarricense hasta un escenario poco habitual: el interior de un avión diseñado para reproducir durante breves periodos las condiciones de microgravedad.
Detrás de esa iniciativa estuvo Fiorella María Arias Bonilla , graduada en Ingeniería en Biotecnología del Tecnológico de Costa Rica (TEC) , quien viajó a Francia para participar en un vuelo parabólico a bordo del Airbus A310 Zero G , con salida desde Burdeos.
Arias fue seleccionada para integrar la cohorte 2026 de Future Voices of Space , iniciativa global de la organización Space for Humanity , cuyo objetivo es formar nuevos comunicadores científicos capaces de acercar la ciencia, la tecnología y la exploración espacial a sus comunidades.
La experiencia permitió a la costarricense sentir durante varios segundos la llamada ingravidez o “weightlessness” , fenómeno que se produce cuando el avión, sus ocupantes y los objetos en su interior entran simultáneamente en una trayectoria de caída libre.
Pero, más allá de flotar dentro de la aeronave, Arias aprovechó el viaje para incorporar elementos relacionados con una de las líneas que han marcado su carrera: la relación entre biotecnología, agricultura, cambio climático y exploración espacial .
“No puedo dar todos los detalles aún, pero estoy muy emocionada por las oportunidades que se están abriendo para gestionar los siguientes pasos y el financiamiento que nos permita expandir los alcances de este primer entrenamiento” , explicó.
La ingeniera destacó especialmente el interés que están generando fuera de Costa Rica las soluciones de base biológica desarrolladas en el país.
“El enfoque bio basado de las soluciones que planteamos en el país está generando muchísima atención en este tipo de proyectos, y las semillas seleccionadas son ejemplo de ello” , señaló.
“Yo nadaba para moverme y era inútil” Arias también relató cómo fue experimentar por primera vez la ausencia aparente de peso dentro del avión.
“Yo nadaba para moverme y era inútil, jaja.
Es lo primero que te dicen: no patalee, solo déjese llevar.
Pero en el momento la sensación de no tener el control de tu cuerpo se apodera de vos” , recordó.
Según explicó, aunque durante los segundos de caída libre prácticamente no se percibe peso sobre el cuerpo, las fases anteriores y posteriores son físicamente exigentes.
“En ambos momentos tenés una ‘presión’ encima, en el caso de este vuelo, de 1,8 g, casi dos personas de tu mismo peso ambas sentadas sobre vos, que desaparece y vuelve a aparecer segundos después” , describió.
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