Una película también puede ser un refugio
Quizás sea un efecto de haber crecido en el siglo XX, pero cuando pienso en refugio no siempre, ni necesariamente, pienso en lo familiar, lo próximo, lo privado.
Más bien pienso en ciertas formas de lo público.
Por caso, para la adolescente solitaria que alguna vez fui, el Teatro San Martín y el Centro Cultural San Martín constituyeron, sin saberlo, un regazo siempre dispuesto.
Con poco más que el dinero para el colectivo, me iba al centro y sabía que allí podría quedarme: la galería de fotos era el conducto que me llevaba del edificio de Avenida Corrientes al de la calle Sarmiento: siempre había algo que hacer, talleres donde participar, espectáculos y muestras para observar.
Durante un tiempo –hablo de los años que siguieron al retorno de la democracia–, la Sala Lugones ofrecía funciones de cine gratuitas al mediodía.
Infinidad de “rateadas” escolares terminaron allí, en una sala ocupada por algún que otro cinéfilo, tres o cuatro jubilados, la estudiante áspera que venía a ser yo y –siempre, prácticamente siempre– uno o dos habitantes de la calle, personas sin techo que se acomodaban, guardando el silencio del caso, entre las butacas del fondo.
Nadie interactuaba con nadie; en mi caso, recibía las películas (en general, clásicos en blanco y negro o títulos de filmografías lejanas) con la ingenuidad del que va por la existencia como una pizarra en blanco.
Al final de la función, cada uno se levantaba y seguía con su vida.
Durante una o dos horas, sin pedirnos nada, la sala nos había preservado, a todos esos seres anónimos, del ruido externo, del frío o la lluvia, de la propia historia y de sus carencias, preguntas, ansiedades.
Vuelvo muchas veces a ese recuerdo.
Porque lo que nos marca a cierta edad, supongo, nos condiciona de por vida.
Y porque temo que sea la memoria de algo que, como tantas otras cosas, está en probables vías de extinción.
O tal vez –quién sabe–, no.
Por estos días vi La noche está marchándose ya , ópera prima de los cordobeses Ramiro Sonzini y Ezequiel Salinas, que ya se proyectó en el Centro Cultural San Martín y desde hace cuatro meses forma parte de la programación de cine del Malba. ¿De qué trata la película? De una sala de cine.
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