Por qué unos pedidos llegan en 24 horas y otros tardan semanas
El comercio electrónico transformó el reparto de mercadería en una carrera contra el tiempo, donde dos pedidos hechos el mismo día pueden llegar con semanas de diferencia.
Esa brecha no es casualidad, sino el resultado de decisiones logísticas que se toman antes de que el paquete salga del depósito.
Según especialistas en cadena de suministro , la velocidad de una entrega se define en gran parte antes del despacho: la disponibilidad de stock , la ubicación del centro de distribución y la ruta elegida por el vendedor pesan tanto como el transporte final.
El seguimiento tecnológico también marca diferencias operativas.
Los sistemas de gestión de almacenes permiten anticipar cuellos de botella y reasignar recursos en tiempo real, mientras que los depósitos sin esa trazabilidad digital detectan un retraso recién cuando el cliente reclama por su pedido.
La distancia al almacén, el primer factor El elemento más determinante es la cercanía geográfica entre el depósito y el destinatario.
Un pedido despachado desde un centro logístico regional cercano puede completarse en 24 horas, mientras que uno enviado desde una zona rural o un país lejano exige varios días adicionales de traslado.
Por eso, las plataformas de mayor volumen invierten en redes de almacenes distribuidos en distintas ciudades o países, de forma que el stock quede lo más cerca posible del comprador final y se acorten los tramos de transporte previos a la última entrega, un esquema conocido como red multisitio .
Cuando el vendedor no cuenta con esa infraestructura, el pedido debe recorrer un camino más largo: desde una fábrica o depósito central hasta un punto de consolidación de carga , y de ahí a un vuelo o camión que recién inicia el trayecto hacia el destino final.
Modo de transporte y preparación del pedido El segundo factor es el modo de transporte contratado.
Un envío exprés prioriza rutas directas y frecuencias diarias, mientras que un envío estándar se agrupa con otros paquetes y espera a completar una carga mínima antes de moverse, lo que retrasa la salida real del pedido.
A esto se suma el tiempo de preparación en depósito , conocido como picking y packing.
Un almacén con sistemas automatizados puede armar un pedido en minutos, mientras que uno con procesos manuales necesita horas o incluso un día completo antes de entregarlo al transportista.
Los picos estacionales de demanda, como fechas de descuentos o fin de año, saturan tanto los depósitos como las flotas de reparto , y ese cuello de botella alcanza incluso a los envíos que en condiciones normales llegarían en 24 horas.
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