Opinión. Los biocombustibles y la conjura de los necios
La discusión que siguió a la contundente media sanción de la nueva Ley de Biocombustibles es saludable: por fin estamos discutiendo ambiente, salud, desarrollo federal y política energética.
La cosecha 2027: proyectan otra producción récord y exportaciones históricas por US$41.497 millones Lo que no parece saludable es que parte de esa discusión se haya reducido a consignas tuiteras: “somos un país petrolero, no necesitamos etanol”; “el maíz debe alimentar personas, no automóviles”; “si el etanol fuera competitivo, no necesitaría un corte obligatorio”; “todo mandato es un privilegio”.
Son argumentos fáciles.
El problema es que el sistema energético no lo es.
Petroleros y etanoleros Argentina está entrando en una nueva etapa de su historia petrolera.
La producción de crudo ya supera los 900.000 barriles diarios.
Un logro que todos celebramos.
Pero para transformar petróleo en naftas el crudo debe ser refinado.
He aquí un primer punto: la capacidad de refinación argentina está al límite y no hay planes para ampliar esa capacidad ya que requiere inversiones enormes y la escala del mercado argentino no lo justifica.
Por eso, aunque producimos más petróleo, seguimos importando naftas, dilapidando dólares de las reservas del Banco Central.
El proyecto de ley complementa la insuficiente capacidad de producir naftas con una fuente de combustible renovable y competitivo que, además, diversifica la matriz energética, agrega valor a nuestras materias primas, crea empleo y ahorra divisas.
Mandato y competitividad Otro argumento que merece ser revisado: las petroleras utilizan bioetanol exclusivamente porque una ley las obliga .
Los datos muestran algo diferente.
Hoy, con un mandato del 12%, las refinadoras utilizan, por decisión propia, porcentajes superiores.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación Economía.