Inspirada en Borges: la plaza escondida en Recoleta que ahora se recorre como un laberinto
Hay plazas que se encuentran apenas se dobla una esquina y otras que parecen esconderse entre los edificios.
La Plaza Jorge Luis Borges , en Recoleta, pertenece a esta segunda categoría.
Está en la esquina de Austria y la avenida Las Heras, pero su particular disposición hace que no aparezca de inmediato ante quien camina por la zona.
Tiene varios accesos, pero llegar hasta ella no siempre resulta evidente.
La plaza comparte la manzana en la que también se encuentran la Biblioteca Nacional y el Museo del Libro y de la Lengua, y está construida en altura, con distintos niveles y caminos que se adaptan a la diferencia de altura del terreno.
Esa combinación de accesos, desniveles y recorridos hace que el espacio se descubra de a poco, casi como si se revelara a medida que se lo transita.
Otra peculiaridad es que, en realidad, el espacio está conformado por dos plazas.
Una de ellas es la que lleva el nombre y apellido del escritor de quien el próximo 24 de agosto se conmemoran 127 años de su nacimiento y la otra, más próxima a la avenida Las Heras, que fue bautizada hace décadas como Boris Spivacow, el editor argentino y fundador de Eudeba.
La singularidad no termina allí: desde su ubicación y su fisonomía hasta los nombres, es una plaza que parece escapar de las formas más habituales de los espacios verdes porteños.
En 2025, la plaza cerró para iniciar un plan de obras y volvió abrir hace unos meses con un nuevo diseño que sumó distintos elementos que remiten al escritor: un laberinto que propone elegir recorridos, una referencia al ajedrez, bancos para sentarse que cuentan con códigos QR para acceder a la biblioteca pública digital Jorge Luis Borges y un gran mural que ocupa una de las medianeras.
La intervención estuvo a cargo del Gobierno porteño y el proyecto fue coordinado por las arquitectas de la Comuna 2 Giuliana Brandi y Mariana Mungo , quienes partieron de una pregunta sencilla: cómo hacer que una plaza que, por su ubicación y por encontrarse en altura, puede pasar inadvertida para quienes circulan por la zona, logre hacerse visible y, al mismo tiempo, convertirse en un lugar que invite a detenerse.
“Había una contradicción porque la plaza ya se llamaba Jorge Luis Borges, pero no había ningún elemento que le diera esa identidad ”, explicaron.
El contexto fue otro punto de partida.
La plaza está en la misma manzana que la Biblioteca Nacional, de la que Borges fue director entre 1955 y 1973.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.