El polvo tóxico del 11-S también contaminó las casas de Nueva York y las autoridades tardaron meses en advertirlo
Los documentos municipales que Nueva York divulgará muestran que el polvo tóxico del 11-S llegó a departamentos del bajo Manhattan y las autoridades tardaron meses en ofrecer un plan de análisis y limpieza para los hogares .
Durante ese lapso, muchos residentes regresaron y retiraron por su cuenta residuos que podían contener amianto y otros contaminantes.
El material entró por ventanas rotas o abiertas, conductos de ventilación, rendijas y equipos de aire acondicionado.
Una vez dentro, quedó sobre muebles, pisos, alfombras y rejillas; al limpiarlo, las partículas podían volver a flotar en el aire que respiraban las familias.
Los archivos, revisados por The New York Times antes de su publicación, permiten seguir una parte menos visible de la emergencia posterior al derrumbe de las Torres Gemelas .
Mientras los mensajes públicos se concentraban en la calidad del aire exterior, la respuesta para los interiores quedó en gran medida a cargo de propietarios e inquilinos.
El polvo del World Trade Center permaneció en viviendas, alfombras y sistemas de aire La nube que dejó el colapso del World Trade Center mezcló hormigón y yeso pulverizados, fibra de vidrio, cuarzo, metales pesados, amianto y compuestos liberados por la combustión de plásticos y combustible de aviación.
La cercanía a la Zona Cero , el daño en cada edificio y las vías de entrada determinaron cuánto material llegó a las viviendas.
Una semana después de los atentados , dos especialistas en higiene industrial analizaron aire y polvo de dos departamentos: uno junto a la Zona Cero y otro a pocas cuadras.
El estudio, solicitado por funcionarios electos, detectó concentraciones elevadas de amianto .
El problema afectó de modo particular a Battery Park City , el conjunto residencial ubicado al oeste de las torres.
Varios de sus más de 20 edificios de gran altura sufrieron roturas de ventanas durante los derrumbes.
Al regresar, algunas familias hallaron polvo dentro de sus hogares y en las rejillas del aire acondicionado, una vía que podía redistribuirlo en espacios cerrados.
Entre el 4 de noviembre y el 11 de diciembre de 2001, el Departamento de Salud de la ciudad y la Agencia para Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades examinaron 30 edificios residenciales.
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