El oficio de narrar en la penumbra
Lo voy a contar tal como sucedió.
Sin realizar juicios de valor.
Hará un par de años que fui con mi hija al cine a ver Argentina, 1985 .
Como la película tocaba un tema histórico -el Juicio a las Juntas-, y ella todavía era chica, cuando empezó la proyección le tiré un par de datos para ponerla en contexto.
Yo creí que había hablado en voz bien bajita y que había sido escueto en la información, pero parece que no, porque escuché en la penumbra de la sala el reproche de la señora sentada a mi lado: “¿Le vas a explicar toda la película?” .
No le contesté nada y seguí mirando la pantalla.
En silencio.
Recordé esta incómoda anécdota hace bastante poco.
Fue mientras leía El infinito en un junco, de Irene Vallejo .
La filóloga y escritora española habla en esta deliciosa obra sobre la invención de los libros en el mundo antiguo, pero en algún momento hace una digresión y se mete en una curiosidad de la historia del cine.
Ella cuenta que, en los comienzos del séptimo arte, cuando las películas eran mudas, existía en la primitiva sala de cine un personaje conocido como “el explicador”, cuya función era contar al público, mientras pasaba la película, lo que la silente pantalla no decía.
Vallejo cuenta que los explicadores, también conocidos como comentadores, describían las escenas, representaban los diálogos, leían los rótulos de las películas -muchos espectadores eran analfabetos- y hasta usaban diferentes artilugios para reproducir los supuestos sonidos que debían emanar de las proyecciones.
“Ayudaban a suavizar el extrañamiento del cine, cuando las imágenes en movimiento entraron a nuestras vidas”, dice la autora.
Parados a un costado de la pantalla , con un puntero en la mano para señalar a los personajes, estos hábiles narradores imbuían las escenas de todo el dramatismo o la comicidad que el silencio les quitaba.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.