“El nombre de la rosa”, de la consagrada novela de Umberto Eco al cómic luminoso de Milo Manara
¿Qué puede surgir del encuentro creativo de dos grandes maestros que profesaban admiración mutua? Una obra de arte, sin ninguna duda.
Es lo que sucedió cuando el artista italiano Milo Manara , referente indiscutible del género historieta, creó una versión propia de El nombre de la rosa , obra cumbre de Umberto Eco y su libro más vendido.
El resultado de ese extraordinario cruce son los dos tomos de la novela gráfica surgida de los lápices y plumines de Manara, que rinde de esta manera un merecido homenaje al escritor y filósofo italiano fallecido hace diez años, el 19 de febrero de 2016.
Así como en diversas entrevistas Manara se declara admirador de Eco, los hijos del autor de El péndulo de Foucault le revelaron al historietista el deseo de su padre de que fuera él (y solo él) quien hiciera la adaptación en viñetas del thriller histórico publicado en 1980 que marcó la literatura contemporánea, cambió para siempre la novela histórica y se convirtió en un long seller traducido a más de cincuenta idiomas.
Publicado por el sello Lumen, el primer volumen de la novela gráfica salió en 2023 en Europa y se convirtió de inmediato en un verdadero suceso.
El segundo tomo, que empieza con una escena de sexo entre una joven “voluminosa” y el novicio Adso de Melk, el narrador del tenebroso relato, salió en 2026 en español y llegó en agosto a las librerías argentinas.
Cada uno cuesta alrededor de $45.000, según la edición (tapa dura o blanda).
Una de las primeras curiosidades de la novela gráfica es que el homenaje a Eco es explícito: en las primeras páginas del tomo uno aparece una caricatura muy realista del autor.
En la segunda escena, mirando a “cámara”, con su característico look con sombrero, lentes, barba y sobretodo, Eco les cuenta a los lectores que en agosto de 1968 fue al monasterio Stijt, ubicado “en un recodo del Danubio en las cercanías de Melk”.
Revela que buscaba “algún rastro de un antiguo manuscrito”, que tuvo en sus manos por poco tiempo porque se lo robaron.
Había conservado, por suerte, los cuadernos en los que había registrado su traducción.
Nunca más volvió a ver el documento donde el joven novicio Adso había narrado la historia de crímenes misteriosos que transcurre puertas adentro del monasterio en plena Edad Media.
Siguiendo lo que el autor relata en la nota preliminar de su voluminosa novela, el Eco personaje cuenta en uno de los cuadros que se había topado en “1970, en Buenos Aires, en las estanterías de una pequeña librería de viejo de Corrientes” con un libro que contenía numerosas citas del manuscrito.
Ese es el puntapié del que parte Manara para que el Eco narrador dé inicio a la trama.
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