El juicio por el crimen de Federico Martín Aramburú: cuatro segundos, tres tiros y la “ejecución”
PARIS.– Hay salas de audiencia donde el tiempo parece estirarse hasta el infinito, y otras donde es capaz de contraerse hasta el absurdo.
Este jueves, en la pequeña Sala Voltaire del Tribunal en lo Criminal de París , se impuso la segunda opción: toda una mañana dedicada a diseccionar apenas cuatro segundos.
Cuatro segundos durante los cuales Loïk Le Priol vació su arma contra Federico Martín Aramburú , el exinternacional argentino de rugby asesinado en la noche del 18 al 19 de marzo de 2022, en pleno corazón de Saint-Germain-des-Prés .
Por la tarde, bastará para que una palabra pase a formar parte del vocabulario del juicio: la de “ejecución” .
En el estrado, un investigador de la brigada criminal fue llamado para reconstruir minuto a minuto —casi imagen por imagen— el desarrollo de la escena.
Frente a él, el abogado de Le Priol, Pierre-Henri Baert , mantiene un interrogatorio tenso, casi quirúrgico, en el que cada pregunta tiene un único objetivo: alejar a su cliente de la premeditación y acercarlo a la legítima defensa.
Todo comienza con una imagen ya grabada en la mente de los miembros del jurado: la de Le Priol corriendo en dirección de Martín Aramburú , después de que su cómplice, Romain Bouvier , abriera fuego 45 segundos antes sin alcanzar a su objetivo en forma mortal.
Para los investigadores, ese sprint nocturno no fue algo trivial: el exmilitar habría vuelto al contacto, decidido, según las palabras empleadas por el policía en el estrado, a “dar batalla” .
Es precisamente sobre esta elección de vocabulario sobre la que el abogado Baert ha construido su ofensiva. ¿Por qué “dar batalla” y no “matar”? El matiz no es una mera cuestión estética en un caso donde la calificación penal —asesinato premeditado u homicidio derivado de un estallido de violencia incontrolada— determina años, o incluso décadas de reclusión.
El agente de policía, cauteloso, esquiva la pregunta con una franqueza casi desarmante: no dispone de ningún elemento que le permita afirmar una intención asesina, al no poder, según sus propias palabras, “meterse en la cabeza del acusado” .
El relato retoma su curso, con un tono casi cinematográfico.
Le Priol llega al lugar.
Martin Aramburú , que seguía en pie tras haber escapado a los disparos de Bouvier, se encuentra frente al recién llegado.
Ambos hombres se aferran y caen al suelo en un enredo confuso de brazos y tironeos de ropa.
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