Pasó su infancia en un almacén de campo y a sus 54 años tomó la decisión de rescatarlo del olvido
El plan era tomarse el tiempo que hiciera falta para recuperar un espacio que, a primera vista, estaba al borde del abandono.
Nerina Estevez Oneto estaba pasando la hidrolavadora por las paredes del salón, todavía sin fecha de reapertura, cuando frenaron tres ciclistas a pedir algo para comer.
En el almacén no había nada, salvo una gaseosa de segunda marca, caliente, olvidada dentro de una conservadora.
Se la dieron igual.
Apenas los vio irse, Nerina sintió el impulso.
Se subió al auto y manejó hasta Arrecifes .
Volvió con una caja de salames, quesos, pan y bebidas.
Era 10 de enero y un calor inmenso caía sobre la llanura bonaerense.
Faltaban semanas todavía para la fecha que tenían pensada.
Pero ese mediodía, sin anuncios ni inauguración, el almacén Beladrich ya estaba abierto otra vez.
Llegar hasta este punto en el mapa de la provincia de Buenos Aires es algo que hay que planificar.
Una rápida búsqueda previa nos revela que, llamativamente, esta zona parece destinada a la historia.
Antes de quedar aislada entre rutas nacionales que pasan bastante lejos, ahí mismo y en sus alrededores se condensaron relatos de una Argentina que ya no existe, de la que solo quedan reminiscencias: estelas de un pasado glorioso, intenso y también trágico.
Nerina conoce ese camino desde antes de tener memoria.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.