El animal que es capaz de mentir con éxito a sus rivales para evitar luchar en una batalla perdida: nunca se ha registrado en otra especie
En el reino animal, la supervivencia y el apareamiento suelen estar dominados por la fuerza física, el tamaño o las exhibiciones territoriales.
Sin embargo, en las aguas costeras del sur de Australia, un molusco marino ha llevado la astucia y la manipulación visual a un nivel insólito.
La sepia gigante australiana (Sepia apama) es capaz de mentir de forma táctica y convincente a sus rivales para lograr aparearse sin entablar un combate que tendría perdido de antemano.
Cada año, entre los meses de mayo y agosto, las aguas someras del golfo de Spencer (Australia) se convierten en el escenario de una de las mayores concentraciones reproductivas del planeta.
Cientos de miles de sepias gigantes acuden a los arrecifes rocosos para reproducirse.
En este multitudinario evento, la competencia entre machos es desasosegante: la proporción de sexos es sumamente desigual , alcanzando un promedio de cuatro machos por cada hembra, e incluso picos de hasta once contra una, como subrayan los expertos de la Universidad de Adelaide.
Para captar la atención de las hembras y protegerlas de otros pretendientes, los machos más grandes despliegan llamativos patrones de coloración, caracterizados por franjas oscuras tipo cebra que recorren su cuerpo y largas membranas extendidas en sus brazos.
De este modo, una vez que un macho dominante logra aparearse, permanece junto a la hembra en una custodia activa para impedir que otros competidores se le acerquen mientras ella deposita sus huevos en las grietas de las rocas.
El arte de la mentira: mimetismo femenino Ante este monopolio de machos corpulentos, los ejemplares más pequeños se enfrentan a un dilema evolutivo.
Enfrentarse directamente a un rival de gran tamaño significa la derrota o sufrir heridas graves por mordeduras.
Por ello, tal y como exponen los expertos de la Universidad de Melbourne , los ejemplares de menor tamaño recurren a una estrategia que desafía la honestidad de las señales en la naturaleza: el “mimetismo femenino” o engaño sexual dinámico.
Aprovechando su capacidad para alterar de forma instantánea la textura y el color de su piel, el macho pequeño repliega las membranas de sus brazos y adopta una postura compacta .
Al mismo tiempo, cambia su patrón corporal al aspecto moteado con manchas oscuras sobre fondo claro, típico de las hembras.
Al verse y comportarse exactamente como una hembra más, el macho guardián no lo percibe como una amenaza territorial ni lo ataca.
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