Científicos buscan explicar ausencia de ballenas azules en Galápagos ante el calentamiento del océano
Las ballenas azules no fueron localizadas durante una expedición científica de diez meses en varias zonas del archipiélago ecuatoriano de Galápagos donde históricamente se había documentado su presencia.
La ausencia de avistamientos coincidió con temperaturas oceánicas inusualmente elevadas y alteraciones en la distribución del alimento, en un contexto de condiciones asociadas al fenómeno de El Niño.
Según la información difundida por el Galápagos Science Center , la investigación se desarrolló entre octubre de 2025 y julio de 2026 en aguas de las islas San Cristóbal, Isabela, Fernandina y Santiago, especialmente en el Canal Bolívar, una zona de elevada biodiversidad marina.
Los científicos pretendían localizar ejemplares para instalar transmisores satelitales y estudiar sus desplazamientos por el Pacífico Oriental.
La expedición reunió a investigadores de la Dirección del Parque Nacional Galápagos, la Universidad San Francisco de Quito, el Galápagos Science Center y WWF Ecuador, con participación de especialistas de las universidades estadounidenses Oregon State y Wisconsin.
El equipo estuvo liderado por Daniela Alarcón y Juan Pablo Muñoz.
Aunque no consiguieron localizar ballenas, los investigadores obtuvieron información oceanográfica que permitió identificar condiciones ambientales poco habituales.
Las mediciones registraron temperaturas superficiales de entre 25,52 y 27,56 grados Celsius, mientras que a 100 metros de profundidad los valores oscilaron entre 19,11 y 19,67 grados.
Durante la temporada fría, comprendida entre junio y noviembre, las temperaturas superficiales habituales oscilan entre 19 y 24 grados en el centro y oriente del archipiélago, y entre 16 y 22 grados en el sector occidental.
Uno de los hallazgos más relevantes fue el desplazamiento de la isoterma de 20 grados, una referencia utilizada para estudiar la estructura térmica del océano.
Según los resultados científicos, esta capa, normalmente localizada entre 20 y 45 metros de profundidad, apareció entre 78 y 96 metros.
La modificación provocó una separación entre las condiciones térmicas asociadas con la alimentación de las ballenas y las capas donde se concentraban los organismos que constituyen su alimento.
Estos cetáceos dependen principalmente del kril, pequeños crustáceos cuya distribución está relacionada con la productividad marina.
De acuerdo con la información publicada por El Telégrafo , los investigadores consideran que estas alteraciones podrían influir en los lugares utilizados por las ballenas para alimentarse.
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