Si tienes fatiga crónica, atento: un estudio británico apunta a que hay una “conexión profunda” con enfermedades como artritis, esclerosis múltiple o estrés postraumático
Poco a poco, la fatiga crónica deja de ser un “enemigo invisible”.
Durante décadas, los afectados por el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) —clínicamente llamado Encefalomielitis Miálgica (EM/SFC)— han lidiado con un cansancio devastador que modifica por completo su día a día , sumado a la incomprensión médica ante la falta de biomarcadores objetivos.
La falta de inversión en investigación hace que nueve de cada diez casos en Estados Unidos estén sin diagnosticar, estimando una prevalencia de entre 836.000 y 3,3 millones de personas según cifras de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).
Sin embargo, un estudio liderado por investigadores británicos ha descubierto que este síndrome comparte una “conexión profunda” en su funcionamiento biológico con enfermedades autoinmunes y neurológicas graves como la artritis reumatoide , la esclerosis múltiple, el COVID persistente y el trastorno de estrés postraumático (TEPT).
Pero, ¿por qué es importante este descubrimiento? La EM/SFC no es un mero cansancio tras un día exigente, sino más bien un agotamiento extremo que no mejora con el descanso y que llega a comprometer por completo la autonomía personal y la vida laboral, escolar o social de los pacientes.
Por lo que este hallazgo, publicado en la Journal of Translational Medicine y desarrollado por un consorcio de investigadores de la compañía Oxford BioDynamics, la Universidad de East Anglia, la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres y el Cornwall Partnership NHS Foundation Trust, es fundamental para seguir investigando una enfermedad.
La fatiga persistente, “más allá de los genes” La EM/SFC es una patología compleja, multisistémica y de larga duración.
En concreto, sus síntomas más llamativos son: malestar post-esfuerzo que empeora gravemente los síntomas tras actividad física, mental o emocional, sueño no reparador por la falta de descanso reparador al despertar, dificultades cognitivas para concentrarse o de memoria, más conocido como “niebla mental” , mareos y fatiga al permanecer de pie mucho tiempo y dolores musculares o de cabeza.
Esta condición afecta de dos a cuatro veces más a mujeres que a hombres.
Además, suele desencadenarse tras infecciones virales (como la mononucleosis o el COVID-19) o traumas físicos y cirugías.
Poco más se sabía sobre su naturaleza, hasta ahora.
En un primer momento, los estudios apenas hallaban coincidencia genética entre estas enfermedades al analizar el ADN lineal.
Pero el consorcio británico, coliderado por el Dr.
Dmitri Pchejetski , decidió ir “más allá de los genes” tradicionales y explorar la estructura tridimensional del genoma con la plataforma EpiSwitch®.
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