Cómo se resolvió la logística del Cruce de los Andes en 1817
Cada 17 de agosto, Argentina recuerda el paso a la inmortalidad de José de San Martín, creador del Ejército de los Andes y conductor de una de las operaciones logísticas más ambiciosas de la historia americana.
El feriado nacional que se conmemora este año pone otra vez en el centro de la escena un episodio que, más allá de su dimensión militar y política, constituyó un desafío de planificación y abastecimiento sin antecedentes en el continente.
El cruce, iniciado a mediados de enero de 1817 desde Mendoza, no fue una marcha improvisada.
Detrás de la epopeya hubo casi dos años de reconocimiento del terreno , acopio de recursos y organización de columnas que debían atravesar la cordillera por distintos pasos, en simultáneo y con un margen de error mínimo.
Un ejército montado en su totalidad El Ejército de los Andes reunió cerca de 4.000 soldados de distintas nacionalidades, alrededor de 1.200 milicianos destinados a la conducción de víveres y municiones, y un centenar de barreteros encargados de abrir camino en los tramos más difíciles.
Para trasladar a esa tropa y su equipo se utilizaron más de 10.000 mulas de silla y carga junto a 1.600 caballos, de modo que la totalidad del personal avanzó montado durante todo el trayecto.
La artillería sumó 22 piezas de cañón, con miles de tiros de bala y metralla, además de miles de fusiles y sables.
Todo ese material bélico también debió ser transportado sobre los animales de carga, en un terreno donde no existían caminos habilitados y buena parte del avance se hacía en fila, cruzando ríos mediante puentes portátiles armados por la propia tropa.
Abastecimiento calculado al detalle La planificación alimentaria fue uno de los puntos más críticos del operativo.
Se calcularon provisiones para unos 5.000 hombres durante aproximadamente 15 días de marcha, entre charqui, galleta, harina de maíz, quesos y varios cientos de reses en pie que se iban faenando en el trayecto.
También se sumaron cargas de vino y aguardiente, este último utilizado para mitigar el frío nocturno en las alturas.
El plato base de la tropa era el llamado valdiviano, elaborado con charqui machacado, grasa y agua caliente, al que se agregaba ajo y cebolla como método preventivo contra el apunamiento o soroche.
Para el forraje del ganado y las bestias de carga se dispusieron depósitos adelantados con provisiones para varios días, de modo de sostener el avance sin depender exclusivamente de lo que cada columna llevaba consigo.
Seis columnas para dividir el riesgo Una de las decisiones logísticas más relevantes fue el fraccionamiento del ejército en distintas columnas, que partieron por pasos diferentes a lo largo de un frente de varios cientos de kilómetros.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.infobae.com — el contenido pertenece a Infobae.