Encuentro pastoral en Roma: “La droga primero seduce, después utiliza, finalmente descarta”
Esta frase de la ponencia de monseñor Eduardo García, obispo de San Justo (provincia de Buenos Aires) y asesor de la Pastoral Latinoamericana de Acompañamiento y Prevención de las Adicciones (PLAPA) , no es solo una fórmula de fuerte impacto psicosocial: es una realidad muy concreta que dolorosamente se repite en todo el mundo.
En Roma, del 25 al 27 de agosto, se está hablando del consumo problemático de sustancias, las situaciones de vulnerabilidad y el reclutamiento de jóvenes por parte del crimen organizado.
Este encuentro, que reúne a importantes referentes en la temática provenientes de América Latina, Asia, África y Europa , tiene como objetivo la construcción de estrategias comunes que permitan afrontar con respuestas basadas en la fe, humanas y eficientes, los enormes desafíos que se abren ante el consumo de drogas.
“Con esta ronda de conversaciones buscamos comenzar un proceso, que distintas tradiciones religiosas y organizaciones que trabajan en los territorios puedan reconocerse en la prevención, el cuidado y la reconstrucción de los vínculos comunitarios —ya aprendimos que sin comunidad no se puede salir de la oscuridad del consumo — y avanzar hacia estrategias compartidas frente a nuestras problemáticas comunes ”, sostuvo con enorme expertise el sacerdote católico Carlos “Charly” Olivero , factótum y referente para América Latina y el Caribe en PLAPA .
“Los rotos no nacen rotos .
Alguien los rompió.
Algo los fue quebrando.
Muchas veces, antes de que aparezca la droga, ya existían el abandono, la violencia, el abuso, la pobreza, la falta de trabajo, la deserción escolar y la ausencia de un horizonte.
La droga llega después y ocupa un vacío que ya estaba preparado”, sostuvo ante los expertos asistentes monseñor García, titular de una diócesis situada en el corazón del conurbano bonaerense.
La droga, “primero seduce, después utiliza, finalmente, descarta”, dijo García, “convierte a los cuerpos en mercancía (…), el cuerpo deja de ser reconocido como lugar de dignidad y se convierte en moneda de cambio.
Se roba para consumir.
Se prostituye para sobrevivir .
Se soportan abusos por miedo, necesidad o dependencia.
La persona pierde progresivamente la libertad hasta convencerse de que no merece otra vida.
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