La estancia jesuítica que tiene casi 400 años y recibe huéspedes en medio de los esteros del Iberá
“Esta casa tiene casi 400 años.
Era una capilla de barro levantada por los jesuitas en 1635.
Era parte de una estancia de cría de vacas, mulas y caballos para proveer a las misiones”, asegura Marcos García Rams desde la cabecera de la mesa del comedor de San Juan Poriahú, el campo de su familia en Loreto, al norte de la provincia de Corrientes.
Cuenta que, originalmente, la zona se llamaba Rincón de San José porque era una península hacia el este.
“Con la geografía arrinconaban la hacienda cuando todavía no existían los alambrados.
En sus misiones, los jesuitas llegaron a tener 176.000 guaraníes… El equivalente a la población de París o Londres.
Buenos Aires tenía apenas 10.000”, desliza como para que tomemos dimensión del alcance del legado jesuítico en la región.
Conocedor de la historia y orgulloso del rol de sus antepasados, Marcos cuenta por qué hoy está al frente de la estancia San Juan Poriahú, que está a 12 kilómetros del centro de Loreto.
Relata que los españoles se hicieron cargo de estas tierras tras la expulsión de los jesuitas y que quemaron todo –excepto el oratorio, que hoy es casa– antes de que las tropas de Manuel Belgrano pasaran por acá a fines de 1810, durante la expedición al Paraguay.
Veinte años más tarde, Pedro Ferré, gobernador de Corrientes, sacó una ley de venta de tierras públicas.
Entonces Ángel Fernández Blanco, que había estado comprometido con la causa revolucionaria, compró 4.500 hectáreas de esta estancia, que ahora pertenece a los hermanos García Rams Meabe.
“Juan Francisco Meabe, mi tatarabuelo materno, y luego su hijo Ernesto, le administraban los campos a Fernández Blanco, que cuando estaba viejito les legó esta tierra, bastante retirada y sin mucho valor.
Ernesto compró, heredó más tierras y las desarrolló.
Los títulos son de 1875 ”, cuenta sobre San Juan Poriahú, que actualmente tiene casi 13.000 hectáreas.
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