“Merece ser contado”: navegaba con sus amigos a Florianópolis, pero naufragaron a poco de llegar y fue el único sobreviviente
Amigos, familia, salud, afectos.
Gustavo Mehl nombra estas cosas como las más importantes en la vida.
Le costó aprenderlo: sabe de la importancia del dinero, pero es consciente de que muchas veces “corría como loco” para pagar la luz, el gas, comer, y que esas muchas veces perdía de vista lo demás.
El leitmotiv no puede ser ese.
No debe ser ese.
Para entenderlo tuvo que atravesar el hecho más extremo de su vida, tuvo que elegir: aferrarse a un barco que se hundía o saltar .
Puede parecer metafórico, pero en su caso, no lo fue.
“Tengo más vidas que un gato”, bromea hoy, a los 78 años, en diálogo con LA NACION, y repasa intervenciones quirúrgicas: un tumor en el riñón que le tuvieron que extirpar, costillas y clavículas quebradas, aplastamiento de tórax...
“Pero siempre con alegría , jamás se me borra la sonrisa”, aclara.
A veces, hay que codearse con la muerte para poder mirar la vida con otros ojos.
Un itinerario bien pensado “Lo tengo todo planeado.
El 11 de julio salimos para Florianópolis ”, le dijo Daniel Bastit a Gustavo.
En ese momento, un día de marzo en 2007, primero dudó.
Después se fue entusiasmando con la idea: siempre fue aventurero, siempre le gustó el mar.
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