Del laboratorio al territorio: qué revelan los análisis de suelos y aguas de las zonas productivas de Río Negro y Neuquén
Una muestra de suelo o agua suele llegar al Laboratorio de Agua y Suelo (LASSPA) detrás de preguntas concretas: ¿por qué un cultivo no responde?, ¿hay acumulación de sales?, ¿ cómo está la fertilidad del suelo ?, ¿esta agua puede utilizarse para riego? y ¿cómo manejar el riego en determinadas condiciones de suelo y cultivo?
Las más de 4.000 muestras que ya pasaron por el laboratorio, provenientes de diferentes sistemas productivos y localidades de Río Negro y Neuquén, muestran una marcada diversidad de situaciones. Si bien no constituyen un relevamiento estadístico de la región, ya que responden a consultas de productores, empresas, instituciones y proyectos de investigación específicos, permiten comenzar a reconocer problemáticas recurrentes y dimensionar la heterogeneidad de los ambientes productivos.
Uno de ellos es la salinidad. Los resultados muestran desde suelos sin limitaciones importantes hasta situaciones con una fuerte acumulación de sales. En algunos casos, además, la salinidad aparece asociada a problemas de sodicidad, mientras que en otros ambos procesos se presentan de manera independiente.
Diferenciarlos es importante porque las estrategias de remediación y manejo no son las mismas. Una acumulación de sales puede requerir mejorar su lixiviación y el drenaje, mientras que los problemas asociados al sodio obligan a considerar además de la calidad del agua, la aplicación de enmiendas.
Otro aspecto es la variabilidad de la fertilidad de los suelos. Los contenidos de materia orgánica, nitrógeno y fósforo pueden cambiar entre chacras o dentro de los lotes, encontrando en muchos casos contenidos bajos o muy bajos.
Conocer la fertilidad permite ajustar las estrategias de fertilización, evitar aplicaciones innecesarias y detectar limitantes. La materia orgánica no sólo está vinculada con la provisión de nutrientes, sino también con propiedades físicas y biológicas que condicionan la respuesta productiva.
Pero conocer un suelo no significa solamente determinar su salinidad, pH o contenido de nutrientes.
En las áreas productivas y con más razón en las irrigadas, sus propiedades físicas son fundamentales porque determinan qué ocurre con el agua después de aplicarla. La textura, densidad aparente, porosidad, infiltración y capacidad de almacenamiento de agua condicionan cuánto puede recibir el suelo, con qué velocidad ingresa y qué cantidad queda disponible para los cultivos.
Los trabajos realizados por el LASSPA incorporan estas determinaciones junto con los análisis químicos, permitiendo una caracterización más integral de los suelos con aplicación directa sobre el diseño y manejo del riego.
Un suelo con alta velocidad de infiltración y baja capacidad de almacenamiento como el arenoso, requiere una estrategia diferente de otro que recibe el agua lentamente y puede almacenarla durante más tiempo como el arcilloso.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.rionegro.com.ar — el contenido pertenece a Diario Río Negro.