Néstor Marconi: “El bandoneón me paseó por el mundo, le tengo que agradecer todo”
En un antiguo café del coqueto barrio de Florida, Néstor Marconi es un parroquiano más.
Durante una larga charla, habla de su pasión por el fútbol, de la mala racha de Independiente , del frío feroz de este invierno.
Pero, sobre todas las cosas, la entrevista abre un portal en el tiempo: el músico rosarino recorre historias junto a leyendas como Roberto Goyeneche, Enrique Mario Francini o Astor Piazzolla ; revive las noches inolvidables en Caño 14, Café Homero o Club del Vino y evoca sus incontables giras mundiales.
Con más de seis décadas de trayectoria y un virtuosismo único, sigue siendo una figura fundamental del tango .
Para muchos, el bandoneonista más completo que dio el género en las últimas décadas.
Con una mezcla de humildad y bajo perfil, le baja el tono a cualquier sentencia sobre sus cualidades para domar a un instrumento ingobernable para la digitación, con sus teclas dispuestas al azar que producen notas diferentes al abrir o al cerrar el fueye .
“¿Si tengo un estilo? No lo sé.
Yo escribo y compongo como lo siento.
Algunos dicen que tengo influencias del jazz.
Me parece que más que del jazz, vienen de la música.
Yo escuché mucho a Bill Evans y a Chick Corea , pero siempre traté de hacer mi camino”, subraya, como una declaración de principios sobre una decisión estética que lo acompaña desde sus inicios: la búsqueda de un sonido propio.
La trayectoria de Marconi atravesó los vaivenes históricos del tango .
Llegó a vivir desde adentro los últimos destellos de la época de oro como músico de fila de la orquesta de José “Pepe” Basso .
Refugiado en pequeños boliches, desafió la marea baja del tango en el gusto popular, a través de propuestas experimentales alejadas del baile que hoy son de culto, como su grupo Vanguatrío de los años 70.
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