Escándalo en la Corte de Brasil: gritos, acusaciones y una decisión clave aplazada en plena campaña
BRASILIA.– El Supremo Tribunal Federal (STF) brasileño vivió este martes una de las jornadas más tensas que se recuerden.
Durante casi seis horas, sus jueces se gritaron, se acusaron de mentir y de actuar con fines electorales, en una sesión que se convirtió en un verdadero campo de batalla.
Al final, el tribunal ni siquiera pudo empezar a analizar lo que debía decidir: si abre o no una investigación contra Alexandre de Moraes –el juez que condujo el proceso que terminó con la condena de Jair Bolsonaro–, por su presunta relación con el banquero Daniel Vorcaro, preso y acusado de haber liderado el mayor fraude financiero en la historia del país con el liquidado banco Master.
Flavio Dino, exministro de Justicia del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y juez aliado de Moraes, pidió “vista” del expediente, un recurso que suspende el caso por hasta 90 días.
De esta forma, salvo que lo devuelva antes, el plenario podría retomar el análisis del pedido de investigación recién en diciembre, luego de la primera vuelta presidencial del 4 de octubre y del eventual balotaje del 25 del mismo mes.
Vorcaro fue detenido en noviembre del año pasado, cuando intentaba dejar el país.
En su celular aparecieron los mensajes que pusieron a Moraes en la mira.
El informe de la Policía Federal fue elaborado a partir de una orden de André Mendonça -juez instructor del caso Master- para identificar a la red de contactos del banquero, una diligencia que terminó alcanzando a Moraes y que detonó acusaciones de direccionamiento en su contra.
La sesión exhibió como nunca la fractura del STF en dos bandos.
“¿Quién le tiene miedo a la Policía Federal?”, desafió Moraes.
Acusó a Mendonça de haber presionado a la policía para que lo incluyera en acuerdos con arrepentidos, la llamada “colaboración premiada”, y de estar “al servicio de un grupo político que quiso dar un golpe en este país”.
“Mentira, eso es mentira”, respondió Mendonça.
El decano del tribunal, Gilmar Mendes, fue todavía más duro.
Acusó a Mendonça de una “evidente conducción político-electoral” de las causas del Master y aseguró que “hasta las piedras saben” que hay un “inequívoco sesgo electoral” en la forma en que se llevó la investigación.
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