Luisa Kuliok: “El escenario no es para el lucimiento del ego, sino una trinchera de indagación humana”
Mucho antes de que su rostro recorriera las pantallas de Europa y de América Latina, convirtiéndola en una de las figuras más populares de la ficción televisiva en español, el universo de Luisa Kuliok cabía en la rutina itinerante de un técnico electrónico.
En la Buenos Aires de los años 50, su padre recorría las casas de barrio arreglando aquellos voluminosos televisores de tubo que empezaban a ocupar el centro del living familiar.
A veces, la pequeña Luisa aguardaba en el auto; otras, su padre la hacía pasar a las casas de los clientes y ella se quedaba sentadita en una silla, silenciosa, observando cómo ese hombre de manos hábiles desarmaba el aparato y devolvía la imagen al cristal.
A nadie se le ocurría entonces que, en esa misma penumbra que su padre devolvía a la vida, décadas más tarde millones de personas se encenderían para mirarla a ella.
Esa imagen inicial concentra la paradoja y la poesía de su destino.
Hija de un hogar humilde del barrio de Devoto , Luisa creció entre dos impulsos complementarios: la sensibilidad poética de una madre que volcó en ella sus propios anhelos artísticos postergados y la severa disciplina de un padre que, durante los viajes en el colectivo 105 rumbo a las clases de teatro, la hacía ejercitar la mente con cálculos matemáticos para templar su carácter.
Aquella formación temprana con Blanca de la Vega en el Teatro para Niños —donde debutó a los siete años al memorizar en silencio el texto de la actriz principal de Rosas en la nieve — cimentó un compromiso ético con la actuación que mantendría inalterable a lo largo de los años .
Formada en las canteras más exigentes del teatro independiente bajo la mirada de maestros como Agustín Alezzo y Hedy Crilla , Kuliok irrumpió luego en la televisión para refundar el melodrama nacional.
Títulos emblemáticos como Amo y señor , La extraña dama , Cosecharás tu siembra y Más allá del horizonte no solo batieron récords de audiencia, sino que impusieron una factura estética renovada y abordaron temáticas complejas, como las tensiones de clase, el rol de la mujer o la convivencia entre pueblos originarios y criollos.
Hoy, en pleno presente de escenarios con el espectáculo De batallas y de amores junto a Facundo Ramírez y Hernán Lucero (que el 10 de octubre tiene nueva función en el Teatro Seminari, de Escobar, y el 7 de noviembre en El Alambique Cultural) y con la vigencia de obras como La Juana vive , la actriz analiza el valor transformador del arte, la mirada crítica sobre la actualidad política de nuestro país, el concepto de patria como morada indivisible y la mística indeleble del teatro. —Al repasar los comienzos de tu vocación, aparece una escena muy vívida de tu infancia junto a tu papá, cuando él arreglaba televisores de tubo por las casas.
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