En 1997 arrojaron 12.000 toneladas de cáscaras de naranja en un terreno estéril y 16 años después encontraron un bosque tropical
En el noroeste de Costa Rica , una zona de bosque tropical seco que había sido degradada durante décadas por la ganadería vivió una transformación inesperada gracias a un experimento ecológico sin precedentes.
Entre 1997 y 1998 , los ecólogos Daniel Janzen y Winnie Hallwachs propusieron una idea innovadora: aprovechar los residuos de la industria del jugo de naranja para restaurar el ecosistema del Área de Conservación Guanacaste .
La empresa Del Oro , dedicada a la producción de jugos, generaba miles de toneladas de cáscaras y pulpa de naranja como desecho.
Los científicos negociaron un acuerdo: la compañía donaría tierras al parque nacional y, a cambio, podría depositar sus residuos orgánicos en una zona estéril del área protegida.
Leé también: Australia busca voluntarios para cuidar caballos en 2027: ofrece alojamiento, comida, traslados y tours gratuitos por la ciudad Cómo fue el proceso de restauración con cáscaras de naranja A lo largo de ese año, cerca de 1.000 camiones transportaron unas 12.000 toneladas métricas de cáscaras y pulpa de naranja, que se esparcieron sobre unas tres hectáreas de terreno prácticamente sin vida vegetal.
En pocos meses, los restos comenzaron a descomponerse y a enriquecer el suelo, generando una capa negra y fértil.
El experimento quedó paralizado poco después, cuando una empresa rival, TicoFruit , denunció el vertido ante las autoridades, alegando daño ambiental.
El proyecto fue suspendido y la zona quedó olvidada durante años.
Los resultados: de pastizal degradado a bosque exuberante Recién 16 años después , los investigadores regresaron al lugar para evaluar el impacto real de la intervención.
Lo que encontraron superó todas las expectativas: el antiguo pastizal se había convertido en un bosque tropical exuberante , con mucha más cobertura vegetal, mayor variedad de árboles y un suelo notablemente más fértil.
Según el estudio publicado en 2017, la biomasa forestal en la zona tratada aumentó un 176% respecto al área de control.
Además, el suelo mostró una mejora significativa en nutrientes, lo que favoreció la captura de carbono y la recuperación de especies nativas.
Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de GDFCF (@guanacaste_dry_forest) Leé también: Un experto en plantas lo deja claro: “Si no crecen no siempre es por falta de agua, sino que puede ser carencia de oxígeno” Un modelo de restauración ecológica de bajo costo El caso de Guanacaste demostró que un residuo agrícola, que normalmente representa un problema para la industria, puede convertirse en una herramienta poderosa para la restauración ambiental.
El proceso permitió recuperar bosque tropical degradado, mejorar la fertilidad del suelo y promover la biodiversidad, todo con una inversión mínima.
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