Una hora que vale oro: por qué lo que hacemos antes de ir a dormir puede arruinar el descanso, según los especialistas en sueño
Dormir bien empieza mucho antes de la hora de acostarse.
Lo que hacemos antes de apagar la luz influye en cómo dormimos, ya que las pantallas, la luz artificial, el trabajo nocturno, las cenas tardías o el ejercicio intenso pueden sostener al cuerpo en un estado de activación que retrasa el descanso y vuelve el sueño más frágil.
Especialistas consultados por Infobae coincidieron en que el sueño no aparece de golpe.
Se prepara.
El médico neurólogo Sebastián Yezzi (MN 181.395), miembro de la Unidad de Salud del sueño de INECO , sostuvo que “ las actividades previas al sueño funcionan como una señal para el cerebro ”.
En la misma línea, el jefe del equipo de Medicina del Sueño del Sanatorio Otamendi, Facundo Nogueira (MN 84.970), indicó que “ el sueño debe ser preparado en las horas previas a irnos a dormir ”.
En esa transición, agregaron, importa tanto lo que se hace en la última parte del día como una serie de hábitos que se arrastran desde la mañana.
El sueño se empieza a preparar antes de acostarse En la explicación de los especialistas aparece una misma secuencia fisiológica.
Antes de dormir, el organismo necesita ir reduciendo de manera gradual su nivel de actividad .
Nogueira dijo que en ese tramo previo deben atenuarse la actividad muscular, metabólica, digestiva y también los procesos mentales, porque los estímulos externos “retrasan el inicio del sueño”.
Yezzi planteó el mismo fenómeno desde otra perspectiva.
Si una persona sigue trabajando, usa pantallas o queda expuesta a situaciones de mucha activación emocional en las horas previas al descanso, “el organismo permanece en un estado de alerta” , lo que puede dificultar tanto conciliar el sueño como sostenerlo durante la noche.
El médico clínico Ramiro Heredia (MN 117.882) del departamento de Medicina Interna del Hospital de Clínicas José de San Martín lo resumió con una fórmula breve: “ Dormimos como vivimos de día ”.
A su juicio, las actividades cotidianas y los hábitos que se repiten durante la jornada “influyen directamente en el descanso nocturno en la mayor parte de las situaciones”.
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