¿Iremos a cumplir la profecía de Bradbury?
Si usted está profesionalmente activo, presumo que coincidirá en que la promesa de la tecnología y la inteligencia artificial de aliviarnos la tarea burocrática y pesada para poder dedicarnos más de lleno a los aspectos creativos de nuestra actividad se ha revelado un tanto falaz.
Velocidad y productividad.
Esos son los valores de la tecnología.
Cantidad, no calidad.
Y no hay duda de que impone con fuerza su lógica, ya confundida con la cultura en la que estamos inmersos en este segundo cuarto del siglo XXI.
Tal vez en ciertas profesiones u oficios sea distinto, pero los que trabajamos con la palabra o en tareas “intelectuales” hemos visto cómo el valor supremo de la productividad nos arrebató el tiempo, colapsado por demandas incesantes, y sobre todo cómo ahoga el espacio de creatividad del que alguna vez disfrutamos y creímos parte esencial de nuestra tarea.
Bajo el imperio de la máquina, el trabajo se automatiza .
Eso implica un proceso de despersonalización que a esta altura parece irreversible.
Estamos delegando en la inteligencia artificial habilidades que hacen al desarrollo de nuestra subjetividad Se suele decir, cuando se habla de la IA en organizaciones y empresas, que lo que prima es la persona.
Por más tareas que asuma la máquina, se repite, “siempre estará el ser humano en el centro”.
Mi sensación es que, al revés, la máquina y la cultura utilitarista con la que adviene nos están desplazando.
Y, al desplazarnos del centro, nos quitan algo .
No necesariamente nuestros puestos de trabajo (aunque el Gobierno pretendía habilitar la creación de sociedades automatizadas sin participación humana), pero sí la posibilidad de enriquecernos como personas al desplegar nuestra actividad.
Porque la IA va camino a reemplazar a los trabajadores incluso en aquellas tareas que requieren o activan las capacidades creativas o intelectuales del ser humano.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.