Cobardes aprietes a futbolistas
En menos de siete días, en dos tradicionales clubes del fútbol argentino, se repitió el mismo patrón con una permisividad que asusta: grupos de barrabravas irrumpieron en instalaciones deportivas, rodearon a los jugadores, los interrogaron, exigieron decisiones y dejaron sentada una amenaza.
Lo hicieron con una naturalidad que delata total impunidad.
Tras la derrota ante Huracán , unos 50 integrantes de la barra brava de San Lorenzo ingresaron sin obstáculos al club e interrumpieron el entrenamiento.
No se limitaron a reclamar: dividieron al plantel en grupos, confrontaron al capitán, Nicolás Tripichio , pidieron una lista de jugadores que no deberían seguir y dejaron la advertencia explícita: “Esta vez vinimos a conversar, la próxima no venimos a charlar”.
Lo más inquietante no fue solo la irrupción, sino la reacción institucional.
El propio director técnico de San Lorenzo, Néstor Gorosito , minimizó el hecho diciendo que “hablaron muy bien con nosotros”, como si entrar a un campo de entrenamiento a exigir quién juega y quién no fuera un acto de total normalidad.
No hubo denuncias penales, ni sanciones del club y la intimidación se disfrazó de “reclamo legítimo”.
Por otra parte, horas antes de perder ante Banfield , integrantes de la barra de Racing también se hicieron presentes en el predio para presionar al plantel y al cuerpo técnico que dirige Juan Pablo Vojvoda .
El club, presidido por Diego Milito , no emitió ningún comunicado que diera cuenta de medidas ni de rechazo a la intromisión.
En ambos casos, el mecanismo fue idéntico: malos resultados y posterior ingreso sin autorización, intimidación directa a los futbolistas, exigencia de cambios, amenaza velada o explícita y silencio o justificación de la dirigencia.
El eufemismo de moda es que “vinieron en buenos términos”.
Sin embargo, los mafiosos no dialogan, amenazan .
Estos grupos no son simpatizantes apasionados, sino verdaderas lacras enquistadas en la mayoría de los clubes que configuran un poder paralelo y se financian con oscuros negocios como la reventa ilegal de entradas.
El caso de Patronato de Paraná , donde jugadores fueron golpeados y amenazados con armas tras una derrota, demuestra que esto ya no es un problema de unos pocos clubes grandes.
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