Televisores de tubo, colectivos con “pancita” y contestadores automáticos: una guía nostálgica para los nacidos en el siglo XX
Una nena está sentada delante del televisor, un aparato grandote y hegemónico en la vida de las familias argentinas.
Son los años ochenta y la nena pasa largas horas atrapada en la programación de unos pocos canales.
Incluso se planta delante de la señal de ajuste esperando a que esa programación empiece de una vez.
Las escuelas, en su mayoría, son de jornada simple.
Así que en muchas casas, las horas que no se están en el colegio, se están frente a la televisión abierta.
Los televisores son de tubo, colgarlos de la pared como si fueran un cuadro y ver las imágenes en alta definición son sueños que vienen del futuro.
Pero nada de eso importa todavía en el siglo XX .
La nena mira y se fascina.
Unos cuarenta años después, escribe un poema para ese televisor que, en parte, hizo de ella la niña que fue y la mujer que es.
Tengo en mi mano el control remoto gigante y plateado del televisor 20 pulgadas marca Sony, modelo Trinitron, simil madera.
Me acerco a la pantalla.
Solo pegando mis ojos al vidrio es posible ver esos puntitos rojos, verdes y azules tan brillantes.
Me dicen que no me acerque tanto pero yo sé que esas luces no pueden hacerme nada malo son muy chiquitas y lindas y me iluminan la cara que se vuelve roja, verde y azul.
La mujer que le escribió un poema a su televisor de la niñez es Inés Ulanovsky , fotógrafa, docente y autora de Palabras que ya no existen , el libro editado por Paripé Books en el que publicó ese texto y varios más, e imágenes de diapositivas que encontró en la calle y revisó minuciosamente, y fotos que sacó cuando era una adolescente y algunas que tomó hace poco, por la calle, cuando algún objeto abandonado a su suerte al lado de un contenedor de basura cautivó su atención.
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