El calor extremo altera el brillo azul de las mariposas morfo y cambia la forma en que las perciben aves y otras mariposas
Las temperaturas elevadas durante el desarrollo de las mariposas morfo azules alteran las nanoestructuras de sus alas y reducen el brillo de su iridiscencia hasta el punto de que depredadores y congéneres perciben un color diferente , según un estudio publicado en la revista PNAS Nexus por investigadores del Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales (STRI) , con sede en Gamboa , Panamá .
Es la primera vez que se documenta experimentalmente este efecto en una mariposa tropical del género Morpho.
El equipo, liderado por la bióloga Juliette J.
Rubin , expuso pupas de Morpho helenor —la etapa de metamorfosis previa a la edad adulta, cuando se forman las escamas del ala— a tres regímenes térmicos distintos: temperaturas tropicales promedio de 28 °C (82 °F) constantes, como las que estas mariposas experimentan en su hábitat natural; temperaturas templadas de 28 °C (82 °F) de día y 14 °C (57 °F) de noche, similares a las de zonas no tropicales; y temperaturas de “invernadero” de 35 °C (95 °F) de día y 28 °C (82 °F) de noche, que simulan el escenario de bajas medidas de mitigación del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) , el cual proyecta un aumento de hasta 4 °C en la temperatura media global para 2100.
El estudio trabajó con dos subespecies: la morfo panameña (M. h. peleides) y la morfo amazónica (M. h. theodorus), procedente del Ecuador .
Los resultados del tratamiento de “invernadero” fueron los más contundentes.
La mortalidad de las pupas en ese grupo fue del 69% para la subespecie panameña y del 48% para la amazónica , frente al 41% y al 21% respectivos en el grupo control.
Las mariposas que lograron eclosionar bajo esas condiciones de calor presentaron alas con menor brillo y un perfil de color alterado.
Los modelos de visión animal utilizados por los investigadores —que simulan la percepción de aves depredadoras con visión violeta, aves con visión ultravioleta y otras mariposas de la misma especie— confirmaron que las diferencias serían detectables por estos observadores.
Para las aves con visión ultravioleta, el efecto fue aún más drástico: el calor eliminó por completo el efecto iridiscente.
El color azul de las mariposas morfo no proviene de pigmentos, sino de nanoestructuras dispuestas en las escamas de sus alas que actúan como diminutas redes de crestas y travesaños que reflejan selectivamente la luz azul (entre 450 y 480 nanómetros) mediante interferencia constructiva.
Las escamas funcionan como tejas superpuestas en un tejado: su disposición en capas amplifica y dirige el reflejo luminoso.
El estudio encontró que el calor reduce la distancia entre las crestas de las nanoestructuras, lo que estrecha toda la escama.
“Las escamas de estas mariposas son como tejas superpuestas en un tejado.
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