Silvio Rodríguez, eterno trovador revolucionario, enternece al Liceu de Barcelona
Guillermo Cabellos Barcelona, 2 sep (EFE).- Pocos cantautores han escrito versos más bellamente revolucionarios y estrofas tan subversivamente tiernas como Silvio Rodríguez.
Este martes, el eterno trovador cubano, de regreso a Barcelona una década después de su último concierto en la capital catalana, demostró en el Liceu por qué es uno de los tótems de la canción.
Así, sin mediar palabra, la cita comenzó con 'Historia de las sillas', pieza a la que siguieron las líneas que el revolucionario cubano José Martí escribió en el ensayo 'Maestros ambulantes', dulce preámbulo a 'Ala de colibrí', incisión iniciática en un cancionero en el que el anhelo de libertad siempre converge con la delicadeza.
En esas mismas coordenadas conviven 'Noches sin fin y mar', improvisada por un imperceptible problema técnico, o 'Sueño con serpientes', primer corte de la velada cantado en dúo con los casi 2.300 fieles que abarrotaban el Liceu.
El público, algo distante de la demografía burguesa que habitualmente habita el teatro, no dejó de aprovechar los silencios para lanzar consignas como "¡Cuba sí, yankees no!" o "¡Viva Cuba, viva Fidel!", en contraste con los eslóganes con los que media docena de manifestantes anticastristas recibieron a los asistentes en La Rambla.
No sorprendió a nadie, porque el activismo revolucionario de Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, Cuba, 1946) es una arista más de una personalidad tan amable como políticamente decidida.
De hecho, el músico fue noticia el pasado marzo, cuando recibió de manos del ministro de las Fuerzas Armadas de Cuba, Álvaro López Miera, el fusil Kaláshnikov que exigió en su blog para defender la isla si era atacada por los Estados Unidos.
Por contra, en el Liceu, empuñando su guitarra y flanqueado por un tres cubano, un piano, una guitarra, un teclado –a cargo de su hija Malva–, un clarinete, una batería y un contrabajo, Rodríguez encadenó 'Virgen de occidente', que verá la luz en su próximo álbum; 'Viene la cosa', de su reciente 'Quería saber' (2024) y 'La bondad y su reverso', todo bajo el manto jazzero que imponía la banda.
En un tramo marcado por sus trabajos más cercanos, también tuvieron su hueco 'En cuál de esos planetas' y 'Más porvenir', dedicada a su amigo Pepe Mujica, expresidente de Uruguay.
Pero no todo iba a ir de novedades. 'Me acosa el Carapálida' devolvió Barcelona al 1984 en que salió 'Tríptico (Volumen tres)'; y '¿A dónde van?', presentada en solemne soledad, recogió el 'Mujeres' de 1978; mientras que en un aparte, acompañado únicamente de la flauta de Niurka González y el piano de Malva Rodríguez, el cubano invocó a Luís Eduardo Aute a través de 'La belleza', que levantó gritos de revolución en platea y palcos.
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