La ¿paradoja? de River: por qué no alcanza con tener una selección para jugar bien
Quizás el único momento en que el ciclo Coudet se acercó a Eduardo Coudet fue cuando, en una conferencia de prensa, le preguntaron por el platinado que había metido Ian Subiabre.
No tenía que ver con el look del pelo de quien, hasta ese momento, era una promesa ascendente de River, sino porque -en sus primeras semanas, el Chacho había al menos cambiado la energía (no el juego) de un grupo que había quedado muy golpeado tras la renuncia de Marcelo Gallardo.
Pero ese día, el 5 de abril de este año, luego de la goleada ante Belgrano por 3-0 en el Monumental, pareció ser el comienzo de algo.
Era la primera vez que su equipo jugaba medianamente bien y ganaba sin sobresaltos.
Y hasta se permitió una conexión entre el “Coudet jugador”, rebelde, con chispa y carácter ofensivo, con el “Coudet entrenador”, lo que parecía (sólo parecía) que podía tomar impulso.
Pero todo se derrumbó , a tal punto que esa figura pareció un chiste de mal gusto con relación al equipo con el que luego... perdería la final de ese mismo torneo, el Clausura 2026.
River no jugaba bien, lo que más le debe doler internamente ahora Coudet es que casi nunca pudo jugar bien, al menos con cierta continuidad o tomando como referencia un mismo partido de principio a fin.
Todo fue volátil, efímero.
Un gol, una reacción, un momento que no pudo tener continuidad.
Y, para peor, con respecto al primer semestre, hasta se habían contagiado negativamente los pocos mejores desde lo individual: el arquero Santiago Beltrán y Tomás Galván , sumado a Marcos Acuña.
En el caso del lateral, condicionado por lesiones que pocas veces le permiten estar 100% a disposición, lo mismo que sucede con Sebastián Driussi.
Con la mano en el corazón: ¿cuántos hinchas pensaban que -cuando asumió Coudet- River iba a jugar la final del Clausura? Seguramente muy pocos, porque las heridas internas eran demasiadas y -salvo con la llegada del central Tobías Ramírez -una apuesta a mediano plazo que una realidad- Chacho debía reencauzar el equipo con los mismos futbolistas heredados de Gallardo , varios de ellos condicionados en el presente y el futuro por las lesiones como el mencionado Driussi, Aníbal Moreno y Gonzalo Montiel.
La situación del “container” y el muy mal manejo del tema Juanfer Quintero -afirman quienes están cerca del plantel millonario- no influyó en la “relación de vestuario” entre DT y futbolistas, hasta Coudet seguía sintiendo que los jugadores “mataban por él”.
El problema fue que esas dos situaciones tuvieron directa relación en el juego del equipo. ¿Uno de los ejemplos? El propio Chacho, mientras de manera desprolija se iba el 10 colombiano, decía en conferencia de prensa: “Tenemos que generar más.
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