Una oportunidad para acordar políticas de Estado
Una política educativa es un conjunto de medidas y acciones, explica Alejandro Morduchowicz, articuladas y coherentes entre sí, concebidas por los gobiernos, con la finalidad de resolver o prevenir determinados problemas estructurales que atañen a las condiciones que garantizan la formación y certificación de los conocimientos adquiridos por las personas y que estas, ni tampoco su familia, entorno, docentes y directivos, pueden resolver por sí solas.
Si nos detenemos a observar los resultados que estas políticas han tenido en las últimas décadas en nuestro país, podemos calificarlos de trágicos, inequitativos y ruinosos, en lo referente a la calidad de los aprendizajes recibidos por quienes transitan las alicaídas escuelas argentinas.
Y si agregamos que, fundamentalmente, el objetivo de la educación es que quienes la reciben obtengan conocimientos y habilidades que les permitan elegir su propio destino vital, sobran los calificativos negativos.
Lo que hemos hecho como sociedad y cuyos sufrientes son mayoritariamente niños y adolescentes, requiere respuestas inmediatas, a sabiendas de que los resultados de estas no serán veloces.
Los datos son elocuentes: el 54,9% de los estudiantes de 3 er grado del nivel primario no logran el nivel de lectura esperado para su edad; el 43,1% de los estudiantes del último año del nivel secundario están por debajo del nivel satisfactorio en lectura y el 82,3% del último año de secundario están por debajo del nivel satisfactorio en matemáticas.
Los datos son menos satisfactorios en las escuelas de gestión estatal y en los sectores socialmente más bajos según las pruebas Aprender de 2024.
Es decir: se aprende menos y más desigualmente, consolidando una matriz educativa asimétrica.
Por otra parte, las pruebas PISA 2022 ubican a la Argentina con peores resultados en comprensión lectora, por debajo de Chile, Brasil, Uruguay, Colombia, Perú y México, según analizó el Observatorio de Argentinos por la Educación.
La centralización decisoria del sistema educativo, su excesiva burocracia, los bajos incentivos para la formación docente y una carrera profesional que solo premia la antigüedad o el acceso a cargos jerárquicos para la obtención de mayores ingresos (de por sí bajos), agudizan la naturaleza del problema educativo argentino, que la dirigencia ignora supinamente.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.