Hace 32 años ayuda a familias con cáncer infantil: “No quiero que nadie crea que le faltó dinero para salvar a su hijo”
Hay una frase que explica buena parte de lo que Edith Grynszpancholc hizo durante los últimos 32 años.
No habla de estadísticas ni de tratamientos.
“Yo siempre pienso en el padre cuyo hijo muere y cree que no pudo hacer lo mejor posible porque no tenía dinero”, dice.
Evitar que una familia cargue, además del dolor y la incertidumbre de un cáncer, con la sensación de que una situación económica distinta habría cambiado la atención de su hijo es, asegura, una de las cosas que todavía la mueve.
La historia comenzó con Natalí, la tercera de sus hijas .
Tenía siete años y nueve meses cuando le diagnosticaron un osteosarcoma, un cáncer de hueso.
Aunque fue detectado a tiempo, era agresivo y rápidamente desarrolló metástasis.
Murió en 1994, a los nueve años.
De aquella experiencia nació la Fundación Natalí Dafne Flexer, que hoy acompaña a unos 2.800 niños, adolescentes y adultos jóvenes con cáncer.
La organización brinda apoyo psicológico, orientación, espacios de recreación, ayuda para traslados y alojamiento, rehabilitación y asesoramiento para acceder a medicamentos y estudios, entre otros servicios.
Durante su tratamiento, Natalí le había repetido varias veces una frase a su madre: “Yo quiero ser famosa” .
Después de su muerte, Grynszpancholc sintió que aquella vida debía trascender y que la experiencia que habían atravesado podía transformarse en una herramienta para otras familias.
“ Mantener viva su memoria a través de la Fundación es mi manera de asegurar que su paso por el mundo no sea un eco que se apaga , sino un legado vivo que alivia el sufrimiento ajeno”, cuenta.
Para ella, también es una forma de que su hija alcance aquella trascendencia con la que había soñado.
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