Una revisión científica identificó al microbioma intestinal como un posible factor clave en la eficacia de los tratamientos contra el cáncer
Durante décadas, el cáncer se estudió mirando casi exclusivamente al tumor: sus células, sus mutaciones, los mecanismos por los que evade al sistema inmune.
Los billones de microorganismos que conviven con el ser humano, en el intestino, en la piel, en los tejidos, no eran parte de la ecuación.
Hoy esa mirada está cambiando: hay pruebas crecientes de que el microbioma intestinal , el conjunto de microbios que habitan el intestino, no es un actor secundario en la biología del cáncer, sino que puede promoverlo, frenarlo y, sobre todo, determinar el resultado de un tratamiento oncológico .
La pregunta que guía este giro es tan concreta como ambiciosa: ¿es posible manipular esa comunidad microbiana para mejorar las terapias existentes o para crear tratamientos nuevos? La respuesta aún no es definitiva, pero el caudal de hallazgos acumulados en años recientes empuja en esa dirección.
Ciertas bacterias potencian la respuesta terapéutica; otras la bloquean.
Algunas producen moléculas que hacen al tumor más vulnerable a la quimioterapia, y hay líneas de investigación que apuntan a usar a los propios microbios, o las partículas que estos liberan, como vehículos para atacar el cáncer.
Ese panorama es el que analiza un editorial científico publicado en la revista Oncotarget , por Uzma Saqib y Krishnan Hajela , este último investigador de la Escuela de Ciencias de la Vida de la Universidad Devi Ahilya Vishwavidyalaya, en India.
El trabajo repasa los mecanismos por los que el microbioma incide en el desarrollo y el tratamiento del cáncer, y propone que esa influencia puede aprovecharse de manera deliberada dentro de la oncología de precisión , la rama que busca adaptar las terapias a las características individuales de cada paciente.
El microbioma puede favorecer o boicotear los tratamientos contra el cáncer El vínculo entre microorganismos intestinales y cáncer tiene dos caras.
Por un lado, ciertas bacterias promueven la enfermedad: Fusobacterium nucleatum está asociada al cáncer colorrectal porque suprime la actividad inmune y activa señales que favorecen el crecimiento tumoral, mientras que Helicobacter pylori desencadena cáncer gástrico a través de la inflamación crónica y el daño en el ADN, según se detalla en la revisión.
Por otro lado, la composición microbiana del intestino también determina cuánto rinde una terapia.
Las disbiosis, que son los desequilibrios en esa comunidad de microorganismos, se asociaron con mayor resistencia a los tratamientos.
Esto es especialmente visible con los inhibidores de puntos de control inmunitario, una clase de fármacos que actúan liberando al sistema inmunitario para que ataque al tumor.
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