Panamá ante la geopolítica: soberanía, democracia y diplomacia parlamentaria
Las democracias modernas nacen de la convicción fundamental de que el poder siempre necesita límites para que la libertad pueda existir en los pueblos.
Tanto es así que el influyente filósofo y médico inglés John Locke , quien es considerado el padre del liberalismo clásico, sostuvo que la autoridad política encuentra su legitimidad en el consentimiento de los gobernados y afirmaba que ningún gobernante está por encima de la sociedad.
Décadas después, Charles-Louis de Secondat , barón de Montesquieu, desarrolló en su obra El espíritu de las leyes los principios esenciales del constitucionalismo moderno, lo que conocemos como la separación de los poderes del Estado.
Montesquieu siempre comprendió que no basta con proclamar libertad, sino que es necesario construir las instituciones que son capaces de protegerla.
Todo tipo de poder debe encontrar límites frente al propio poder, y es allí donde nace la independencia entre el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, pero no vista como una simple distribución administrativa de funciones de un Estado, sino que es la plena garantía que tiene la democracia ante cualquier intento de concentración de poder o sometimiento.
Más de 300 años han transcurrido desde que se constituyeron estas doctrinas y pilares sobre los cuales se construye la democracia, hoy son parte fundamental y esencial de nuestra tradición republicana.
La instalación del Grupo Multipartidista de Amistad entre Panamá y Taiwán en la Asamblea Nacional de Panamá debe analizarse no desde la óptica de la disputa entre China y Taiwán , sino desde un principio superior e inalienable, que es el respeto a nuestra soberanía de la República de Panamá y a la independencia de sus instituciones democráticas.
Cualquier analista político, consultor o estratega reconoce inmediatamente que el Órgano Ejecutivo es quien conduce las relaciones exteriores de un Estado y que este grupo parlamentario no sustituye las funciones del Ejecutivo, sino que representa el ejercicio de la diplomacia parlamentaria por diputados que son democráticamente electos en el país.
Cabe señalar que Taiwán mantiene oficinas representativas, económicas, comerciales, educativas y culturales en más de 100 países de todo el planeta, que simultáneamente también mantienen relaciones diplomáticas con la República Popular China .
Si estos países pueden desarrollar intercambios, la pregunta legítima sería: ¿Por qué Panamá tendría que renunciar a estos intercambios comerciales que otros Estados soberanos ejercen libremente?
Panamá , como país soberano y democrático, en ningún momento, mediante la Asamblea Nacional , pretende inmiscuirse en la política interna de China y, asimismo, China no debe pretender determinar las decisiones internas de nuestras instituciones soberanas panameñas.
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