Cuando el tiempo empieza a jugar en contra
Una de las mayores dificultades para evaluar un programa económico es distinguir entre aquello que todavía no ocurrió porque necesita tiempo y aquello que no ocurre porque algo debe cambiar .
La diferencia parece obvia.
En la práctica, casi nunca lo es.
El Gobierno sostiene que buena parte de los resultados que faltan aparecer llegarán si se mantiene el rumbo.
La inflación bajó de manera extraordinaria respecto del punto de partida, desapareció el déficit fiscal, se redujeron regulaciones y algunos sectores vinculados con las exportaciones muestran un dinamismo importante.
Desde esa perspectiva, la tarea consiste fundamentalmente en perseverar.
Hay argumentos para sostener esa visión.
Una economía que acumuló durante décadas inflación, controles, déficit y cambios permanentes de reglas no reconstruye crédito, inversión y confianza en pocos meses.
Tampoco una estabilización se difunde al mismo tiempo hacia todos los sectores .
Los activos financieros pueden reaccionar rápidamente; construir una planta, contratar trabajadores o endeudarse a veinte años requiere bastante más confianza.
Pero el tiempo no es una variable neutral.
La actividad recuperó buena parte de la caída inicial del programa, aunque desde hace más de un año muestra dificultades para entrar en una trayectoria sostenida de crecimiento.
La recuperación, además, continúa siendo muy desigual.
Energía, minería y agro avanzan bastante más que industria, construcción y muchas actividades vinculadas con el mercado interno.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.