Una Shakira apoteósica hace aullar a su manada de Madrid a ritmo latino
Madrid tenía el presentimiento de que empezaba la acción con la llegada de Shakira (Barranquilla, 1977), pero lo que sonaba al entrar por las puertas del Macondo Park no era Las de la intuición , sino un punteo de guitarra española al son de una melodía del flamenco.
Para las 55.000 personas que llegaban al recinto, actuaba como aperitivo de lo encontrarían dentro: una fiesta en la que ninguna disciplina artística se desprecia.
Desde el olor de los puestos de arepas hasta el pabellón de la literatura dedicado a Gabriel García Márquez -amigo de la artista desde que la entrevistara en los 90 hasta su muerte en 2014-, Macondo Park es todo un ensalzamiento y una celebración de lo latino .
Su propio nombre lo coge prestado del pueblo ficticio en el que se desarrolla Cien años de soledad , pese a que si hay algo que escasea en este lugar, es la soledad.
Miles de fans de todo el mundo han abarrotado Villaverde para escuchar los grandes éxitos de Shakira y siguiendo una estética de lo más variopinta: sombreros de cowboy , faldas con monedas que resuenan al mover las caderas, cosplay de los videoclips más míticos o camisetas con letreros que aseguran que las mujeres ya no lloran.
La admiración por la cantante colombiana empieza, para muchos, en un momento anterior a los recuerdos.
Y quizá es esto lo que más acerca a Shakira al realismo mágico.
No saben desde cuándo la escuchan porque lleva más de 30 años en lo más alto, con clásicos como Ciega, sordomuda o hits más recientes como Te felicito.
Sea como fuere, pocos pueden decir cuál es la primera canción que les viene a la memoria haber escuchado de Shakira porque no lo recuerda, al igual que nadie recuerda la primera vez que se vio el ombligo: está ahí desde siempre .
Una manada de lobas con tres generaciones La manada de Shakira, como le gusta llamar a sus fans, brilla por su heterogeneidad.
Imposible definir un perfil.
Niños de todas las edades, abuelas, grupos de amigas en su treintena, matrimonios que habrán celebrado ya las bodas de plata.
Los de la generación Z que graban TikToks, los millenials que hacen el signo de la V con las manos para posar en las fotos, los boomers que graban con el teléfono torcido...
Los de Copa Vacía , los del Waka Waka y los de Ojos Así.
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