La marca de Estefanía de Mónaco vuelve de la mano de su hija
Estefanía de Mónaco nunca terminó de encajar en la imagen que se esperaba de una princesa.
Hija menor de Rainiero III y Grace Kelly, creció frente a las cámaras y desde muy joven dejó claro que prefería hacer las cosas a su manera.
Tenía el pelo corto, algo poco habitual dentro de la monarquía, donde predominaba una imagen mucho más cuidada y tradicional.
Usaba jeans, incursionó en la música, trabajó como modelo y siempre tuvo un interés especial por la moda.
Esa mezcla de independencia y poca paciencia con el protocolo hizo que la prensa la bautizara como la “princesa rebelde”.
Siempre fue muy buscada por los medios y su exposición aumentó tras la muerte de su madre, Grace Kelly, en un accidente de auto en el que ambas viajaban.
Estefanía, que tenía 17 años, sobrevivió al accidente y durante años tuvo que convivir también con los rumores que aseguraban que era ella quien manejaba el auto.
Una versión que siempre negó.
Unos años después, empezó a hacer prácticas en Dior.
Allí trabajó en el área de joyería y tejidos bajo la dirección de Marc Bohan, por entonces uno de los nombres más importantes de la maison .
Fue durante esa etapa cuando conoció a Alix de la Comble.
Las dos compartían una cercanía con el mundo de la moda y, con el tiempo, terminarían asociándose para llevar adelante un proyecto propio.
De la Comble aportaba una mirada más sofisticada y Estefanía, otra más joven y deportiva.
Además, compartían departamento en París.
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