La marea de voluntarios vuelve a Muxía (A Coruña) para pisar sus famosas y limpias piedras
Ana Martínez Muxía (A Coruña), 13 sep (EFE).- A la zona cero de la marea negra del Prestige, en Muxía (A Coruña), ha regresado este domingo una marea de voluntarios llegados de todo el país y del extranjero para visitar sus famosas e inmaculadas piedras y participar en una romería rodeada de leyenda y misterio que busca el apellido de interés internacional.
A los pies del Atlántico, la localidad que tantos flashes acaparó en 2002 por el accidente del petrolero ha recibido a la muchedumbre que ha viajado a las fiestas de A Barca, se ha acercado al santuario recuperado tras las llamas causadas por un rayo el 25 de diciembre de 2013 y ha cumplido con el ritual de las rocas que rodean este templo.
La de Abalar -de menear- es la más conocida y se necesita una gran agudeza para balancearla.
La cuestión es saltar sobre el canto con una repetición regular de movimientos hasta obtener ese mecer.
Las cámaras de televisión han grabado a personas que sabían calcular los equilibrios y a otras a las que les ha costado o se les ha resistido.
"Si me pasa algo con el coche, lo cubre el seguro, pero esto no.
Yo desisto", ha dicho jocoso un hombre que lo ha intentado sin lograrlo.
La de los Cadrís, los riñones, se cree que sana ese órgano y cura el dolor de espalda, pero para ello es necesario pasar nueve veces completas por debajo y no todos están dispuestos a tamaño sacrificio.
En la de la Cabeza toca meter el cráneo en su hueco para salir sin migrañas, y la de los Enamorados es la que está más alejada y hay que saber llegar.
Promete un querer eterno pero, igual que el amor, esta es ya directamente la más difícil de localizar.
Cada domingo siguiente al 8 de septiembre esta práctica pagana que fue asimilada por la religión cristiana acapara la atención de medios de comunicación del mundo, que se detienen sobre todo en la Piedra de Abalar y en el misterioso sonido que produce cuando llegan a moverla.
Según la tradición, la gente que oscilaba la piedra ya estaba libre de pecado, pero si lo hacía sola, sin nadie sobre ella, era presagio de alguna desgracia.
El alcalde, Javier Sar, ha dicho a EFE que esta vez se han visto más coches que nunca, en base a los datos que a él mismo le han proporcionado, y ha confiado en alcanzar la máxima distinción por la que pelean.
El fotógrafo Xesús Búa, tirando de ironía, ha apoyado el mensaje porque "esto está al estilo de un concierto de Van Morrison".
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