El falso poema de José Saramago sobre la vejez y lo que realmente dijo acerca del paso del tiempo
El poema titulado La Vejez y atribuido a José Saramago es en realidad un anónimo que circula en redes y que mucha gente espontáneamente reenvía sin mayor reflexión.
Se trata de uno de esos textos sensibleros, como otros, en verso o en prosa, también falsamente atribuidos a Jorge Luis Borges o al papa Francisco .
Tienen por lo general un tono edulcorado y conceptos que evocan los manuales de autoayuda.
José Saramago (1922-2010) fue un autor portugués de fama tardía.
Su libro más célebre, El Evangelio según Jesucristo (una historia alternativa a la bíblica, publicada en 1991) arqueó las cejas de muchos católicos y de la Iglesia institucional que logró vetar la candidatura de ese libro para el Premio Literario Europeo.
Este hecho fue usado por Saramago para considerarse “exiliado” y radicarse en Lanzarote, Canarias, donde murió.
En 1969, Saramago se había afiliado al Partido Comunista Portugués , que luego abandonaría pero del que conservó un ateísmo exacerbado.
Trabajó muchos años como periodista.
Y se empezó a consagrar plenamente a la literatura en lso años 70.
Su ateísmo militante —por él mismo proclamado en varias ocasiones— no podía sino llamar la atención de la Academia sueca que le otorgó el Premio Nobel de Literatura en 1998.
Es condición casi necesaria para ser tenido en cuenta para esa distinción, aunque no suficiente .
Si bien no escribió ese poema que se le atribuye, Saramago sí dejó algunas frases sobre el tema.
“La vejez empieza cuando se pierde la curiosidad” es una de ellas.
Opinión que comparte mucha gente: el envejecimiento no está determinado solo por el deterioro físico o la cronología sino por la actitud mental y espiritual.
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