Reseña de 'El final de la calle Oak': un ataque de dinosaurios en una calle sin salida
Debido a que está ambientada en 1982 e involucra a una familia nuclear estadounidense que enfrenta peligros extraordinarios, la nueva película de David Robert Mitchell seguramente será comparada con las mejores producciones de acción de Hollywood de esa década, en especial las de Steven Spielberg.
Pero lo que me vino a la mente mientras veía algunos de los paisajes en El final de la calle Oak fue el Bosco.
Bien podrías cambiarle el nombre a la película por El suburbio de las delicias (y de las pesadillas) , debido a las extravagantes visiones que descubrimos después de que el caos envuelve a un pacífico vecindario.
La atractiva pareja, Denise y Greg Platt (Anne Hathaway y Ewan McGregor), parece ser el pilar de un núcleo familiar perfecto, con sus hijos bien portados, Audrey (Maisy Stella) y Brian (Christian Convery), y un perro revoltoso, Starbuck (interpretado por Brisket y Buzz).
Entonces, una noche, una luz brillante y un temblor similar a un terremoto trastocan su mundo, y se despiertan para encontrar una flora exótica que se extinguió hace millones de años y una serie de bestias prehistóricas.
Algunas de ellas pastan pacíficamente.
Otras quieren masticar cualquier cosa que se mueva, incluidos los Platt.
Al final nos dan una explicación, pero es tan escasa que resulta cómicamente simbólica.
La película no es para quienes requieren una justificación para lo irracional.
En las primeras escenas, Mitchell, quien también escribió el guion, sugiere con pocos recursos fisuras en la fachada de normalidad.
Cada Platt parece tener un secreto o un sueño frustrado, o ambos, y los niños entristecidos escuchan las constantes discusiones de sus padres.
La atmósfera distante, casi surrealista en la introducción --e incluso, de manera más audaz, cuando todo se va violentamente al traste-- les resultará familiar a quienes hayan visto las películas anteriores de Mitchell, Te sigue (2015) y El misterio de Silver Lake (2019), pero también a los fans de Sofia Coppola.
El Bosco y Coppola, la directora de Las vírgenes suicidas , suenan como referencias extrañas al hablar de una película ambientada en la década de 1980 en la que unos dinosaurios devastan un enclave suburbano, pero esa colisión es lo que distingue a El final de la calle Oak .
Podrías argumentar que no es "buena" según los estándares convencionales, pero la película tiene una rareza sui géneris que es poco común en las producciones palomeras de verano.
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