El precioso pueblo blanco para comer muy bien en Málaga: pucheros con pringá, fritá de cabrito y un restaurante premiado por Michelin
Flanqueada por la espectacular Costa del Sol y por sierras repletas de castañares y pinares, la provincia de Málaga cuenta con algunos de los pueblos más pintorescos de toda Andalucía.
Rincones llenos de historia, de tradición y también de buena cocina que, sin hacer el ruido de las grandes ciudades, se convierten en destinos perfectos para una relajada escapada gastronómica.
Más allá del aceite de oliva virgen extra, el jamón ibérico de bellota, los vinos generosos, el atún rojo o la gamba blanca, joyas gastronómicas que se pueden probar en las mejores mesas malagueñas, estos pequeños pueblos ocultan una despensa llena de deliciosos secretos que bien merecen una visita.
Uno de los mejores ejemplos de todo ello es Casares , un municipio andaluz que se alza en lo alto de un cerro en el término de la Serranía de Ronda y que es uno de los pueblos más bellos de la provincia de Málaga, lo que le ha valido la declaración de Conjunto Histórico Artístico en 1978.
Por su orografía, entre la Sierra Crestellina, Sierra Bermeja y Sierra Utrera y las olas del mar Mediterráneo, Casares aúna la belleza de la sierra y las vistas al mar.
El origen de Casares se remonta a la época romana, cuando Julio César lo mandó construir en agradecimiento por haberse curado sumergiéndose en los Baños de la Hedionda.
No obstante, su conjunto urbano se conoce por su urbanismo árabe y por su castillo del siglo XIII, así como por sus casas de fachadas blancas y calles empinadas y estrechas.
En una de estas casas encaladas nació Blas Infante, padre de la patria andaluza y gran estudioso del flamenco.
Una despensa de mar y montaña Más allá de sus encantos urbanísticos, la gastronomía de Casares es uno de sus mayores atractivos, gracias a una despensa que suma delicias de montaña y de costa.
En Casares se cría la cabra payoya, autóctona malagueña , y con su carne y su leche se conforma un recetario lleno de manjares de lo más sabrosos.
Esta especie protagoniza embutidos y quesos , sin olvidar recetas como la fritá de cabrito o la típica morcilla, aderezada con cebolla para comer acompañada o en guiso.
En su zona de interior, Casares también ofrece reconfortantes pucheros con pringá y cocido de caldo con garbanzos de carnes de matanza y tocino.
Si lo que desea es saborear una sabrosa sopa, puede optar por el gazpacho casareño, sin olvidar los panes cocidos al horno de leña aderezados con manteca “colorá”.
En cuanto a la cocina típica de la zona de la costa, destaca por su pescaíto frito, acompañado de un suculento gazpacho andaluz o una ensalada de productos de la huerta.
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