Roger Federer entró en el Salón de la Fama del tenis y conmovió a todos con un discurso inolvidable
Memorable y profundo.
Emotivo hasta las lágrimas.
Simpático, nostálgico, cálido y sencillo.
Sin hacer foco en sus récords personales, sino en el disfrute del camino; cariñoso y agradecido con los suyos.
Eterno, como su legado.
Todo ello describe el discurso que Roger Federer brindó -este sábado por la noche- en Newport (Rhode Island), durante su ceremonia de ingreso en el Salón de la Fama del Tenis Internacional , un acto al que asistieron leyendas de todos los tiempos, entre ellas Gabriela Sabatini , que estuvo sentada en la primera fila, luciendo la chaqueta que le entregaron en 2006, cuando fue distinguida en el mismo sitio.
A los 45 años, cinco temporadas después de su último partido oficial [en los cuartos de final de Wimbledon 2021], el suizo, el mayor embajador de la historia del tenis, fue el protagonista de un momento inolvidable [el acto de inducción al International Tennis Hall of Fame ], en el que sonrió como un chico recordando anécdotas, pero en el que también se quebró por la emoción [debió interrumpir su discurso varias veces para beber agua].
Todo se inició con Mirka Vavrinec, su esposa y gran responsable de que su carrera fuera tan longeva.
“Todo el mundo habla de la elegancia de Roger en la cancha y lo entiendo.
Durante muchos años tuve el mejor asiento, lo vi moverse con una gracia que hacía que uno de los deportes más difíciles del mundo pareciera sin esfuerzo.
Lo sé, lo sé...
Roger dice que es un mito.
Y créanme, vi el trabajo, las horas, la disciplina, el compromiso.
Vi todo lo que implicaba que pareciera tan fácil.
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