Huellas de sangre y una mujer que confiesa el crimen de sus hijos: el primer caso policial resuelto con el método de Juan Vucetich
La escena no podría haber sido más trágica.
Sobre la cama matrimonial, yacían los cuerpos de dos criaturas.
En el piso, inconsciente, su mamá.
Felisa, de cuatro años y Ponciano, de seis, habían sido degollados .
La madre, Francisca Rojas, tenía un corte superficial en el cuello.
Fue en un humilde rancho en las afueras de Quequén, y el hecho había ocurrido en la tarde del 29 de junio de 1892.
“Hemorragia fulminante”, dictaminó el forense cuando examinó los cuerpos.
Francisca, al volver en sí, acusó a un vecino, Ramón Velázquez de ser el autor de la tragedia.
Que había querido abusarla, que la atacó y que terminó asesinando a sus hijos, dicen que dijo.
La policía lo detuvo.
Juró su inocencia y fue violentamente abordado; incluso lo sometieron a un duro interrogatorio frente a los cadáveres de los niños, mientras lo seguían golpeando, pero el hombre repetía que era inocente.
Los vecinos lo defendían, si ni a una mosca mataba.
El pobre desgraciado fue careado con la mujer, quien además lo acusaba de haberle propinado una paliza.
Y que, además, la había golpeado con una pala.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.infobae.com — el contenido pertenece a Infobae Sociedad.