¿Tienen empatía los psicoanalistas lacanianos?: una respuesta con Jacques-Alain Miller
Si tuviera que hacer una comparación que, seguramente, dejará disconformes a muchos, diría: si Lacan es Cristo , Jacques-Alain Miller es San Pablo .
Desde mi punto de vista en un elogio.
Es una manera de decir que Miller no es solo un discípulo de Lacan , sino una voz que le dio forma a su mensaje y estableció las líneas más eficaces de su enseñanza.
De la misma manera que le ocurrió a Pablo con los otros apóstoles, mientras que estos hablaban para decir lo que el maestro había dicho, la prédica paulina habla en su nombre y recupera la palabra plena.
Con los años, a la división entre lacanianos y no lacanianos, le siguió la división entre millerianos y no millerianos.
Lo paradójico es que a veces quienes se dicen no millerianos piensan en la órbita de lo que Miller planteó.
Hay quienes insisten: Jacques-Alain Miller no es Lacan (le hace decir cosas que este no dijo nunca). ¿Hay algún problema en eso? De lo que no cabe duda es de que Miller lo lee de una manera en que muy pocos lo consiguen.
Y, en buena medida, si existe algo así como el “lacanismo”, es por efecto del trabajo de Miller –de la misma manera en que los apóstoles, después de la muerte de Cristo , se hubieran dispersado en sectas menores destinadas a perderse si no hubiera estado Pablo .
Jacques-Alain Miller le dio a la enseñanza de Lacan vocación ecuménica.
No me voy a de detener en comentar que, además, tiene a su cargo el establecimiento de sus seminarios en pos de su publicación.
Algunos creen que eso le da un poder.
Pienso más bien que Miller está atento a la época; que más que soltar lo que tenía en un cajón, responde a la circunstancia con la aparición de un nuevo volumen de la palabra (que, además, ya circula por su cuenta).
Publicar es intervenir.
Miller interviene.
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