La belleza de la semana: la conquista de América según fue pasando el tiempo
Hoy se celebra el Día de la Diversidad o como algunos aferrados a los viejos dogmas prefieren, El descubrimiento de América .
Sabemos que cómo se nomina a las fechas, el lugar desde donde se enuncia marca una manera de entender la Historia, una forma de ver el mundo.
Quizá, La Conquista sería la forma más correcta, ya que es, y vamos a la RAE, el “efecto de ganar un territorio, una posición o la voluntad de alguien mediante el uso de la fuerza militar, el esfuerzo o la habilidad”.
Los que peinamos canas crecimos con una mirada sobre este evento, más cercano al Descubrimiento , así se ensañaba en las escuelas ( Nótese el paralelismo discursivo con La campaña al desierto, que de desértico no tenía nada ) e incluso en las revistas infantiles con las que crecimos y formaban nuestras lecturas, como Billiken o Anteojito , también el acercamiento era desde ese lado, desde la mirada eurocentrista, despojada de conflicto, lo que en la historiografía se llamó la “conquista pactada”.
Se descubre lo que no existe.
Este no será un recorrido por los Codex , que a fin de cuenta son la herramienta histórica más importante -en lo que hace a imágenes- para entender el fenómeno, sino a través de la representación europea, muchas veces religiosa y propagandística, hasta llegar a lo contemporáneo, donde se produce una revisión y una nueva mirada.
Y es que el arte ha representado la conquista con lenguajes y propósitos cambiantes: desde escenas que exaltaron la llegada europea y la expansión española hasta obras que mostraron la destrucción de los pueblos originarios, el choque cultural y la persistencia de las estructuras coloniales.
Y ya que comenzamos por la educación, una de las pinturas que más se repetían sobre el encuentro era Primer desembarco de Cristóbal Colón en América , pintado en 1862 y que se encuentra en el Museo del Prado , donde se presenta la llegada de la primera expedición de Cristóbal Colón a Guanahaní, en las Bahamas, el 12 de octubre de 1492, a la que se conoce desde entonces como la isla de San Salvador.
La pintura en gran formato de Dióscoro Puebla revela a Colón en el centro, apoyando una rodilla y su espada en gesto de conquista, mientras sus ojos se elevan hacia el cielo, contruyéndolo así como el nexo entre la tierra y lo divino, mientras clava su estandarte.
El enviado.
El elegido.
El chosen one de la Matrix.
Detrás, la caravelas y más allá, el mar, pero más acá, sus compañeros que arriban en su barcazas con armas y más banderas, mientra que a la izquierda de la composición, un grupo de indígenas semidesnudos, en la semi oscuridad (el desfasaje lumínico entre ambos grupos es notable), observa toda la escena, dubitativos, miedosos.
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